viernes, 3 de octubre de 2014

Poemas a Francisco Morazán

Estatua de Morazán en la UPNFM


Morazán

Por montañas de pinos imposibles…
por valles de verdura impenetrable…
por ríos que paraban hasta el viento…
por calles, por abismos,
por sombras, por inviernos
iba en cascos de rayo tu caballo guerrero.
Y ni la noche vertical de odios…
ni la herida de cauce pavoroso…
ni murallas de espadas…
ni huracanes de pólvora
nulificar podrían tu marcha luminosa.
Llegabas a los pueblos…
te llenaban de escudos todos los corazones…
El Golfo de Nicoya tiene en perlas tus frases
la voz de tus cañones esconde el Momotombo,
es barro de tus botas el oro en el Guayape.
Hombres te acompañaban…
de acero toledano,
de toledano ensueño,
era el sol obediente de tu espada.
Y reían los árboles
y cantaban los niños
y bailaban los héroes de los libros de escuela
y afloraban en canción la libertad
y nacían banderas
y venían soldados
cuando se abría en llamas tu rosa liberal.
Hoy lejos de tu mano
ha crecido tu ejército…
la huella de tus plantas es órbita de astros….
en tu dolor aprenden a quererse los hombres…
es un cielo de lucha la tumba en que te hundiste
Bolívar de los pobres
Napoleón de los tristes.
Y cuando un golpe artero precipitó tu sangre,
cuando tu voz perdióse,
para nacer más honda,
cuando tu espada loca de fulgor
se te fue por los ojos hasta el héroe,
y te perdiste
y te alejaste
y naufragaste
tras un negro dominio de fusiles,
todos te saludamos,
todos te revivimos.
Vivo estás en el bronce…
firme en la miserable carne de cinco pueblos…
erguido en tus heridas…
en el volcán que elogia tu corazón de fuego
y en el hombre que exalta tu muerte con su vida.

Jacobo Cárcamo


*
3 de octubre

Alta es la noche y Morazán vigila.
-Pablo Neruda

Los cañonazos siguen de moda
en la altura festiva.

Abren en la madrugada
de Tegucigalpa, sobre las colinas encendidas
su engañosa flor inocente.

Fecha especial.

Traje belicista.
Campana de explosiones ficticias.

Pero el héroe
sigue solo.

Los pocos que lo acompañan
aún no tienen día que celebrar,
victoria que elevar hasta las nubes.

José Adán Castelar


*
Francisco Morazán

Él es el semidiós de nuestra historia,
que, cual un nuevo Homero, con su espada
escribió la epopeya de otra Ilíada
y se bañó en los lampos de la gloria.

Paladín inmortal que la victoria
a su genio mantuvo esclavizada
y de laurel la frente coronada
vive del pueblo en la feliz memoria.

Luchar con la reacción fue su delito;
fue unir a Centroamérica su anhelo;
mas el triunfo esquivóle al fin la suerte.

Recorrió el viacrucis del proscrito;
y cuando pudo redimir su suelo,
mártir excelso, fue un Tabor su muerte.

José Antonio Domínguez


*

Ante la estatua de Morazán

¡Fue en la postrer jornada! La tarde era sombría;
el sol muriente envuelto en fúnebre sudario,
aún pudo un rayo de oro lanzar en su agonía,
¡La vida al extinguirse del héroe legendario!

Aquel sol a la patria le dijo adiós y al día
viendo que se tornaba un tabor en calvario;
y se hizo la tiniebla; entró la noche fría;
quedó el ara en pedazos; ¡derruido fue el santuario!

¡El sol en el ocaso promesa es de una aurora
que con su lumbre cielos, montes y valles dora
y las más espantosas tinieblas desvanece!

¡Ah! Desde que el sol patrio se hundió con el caudillo,
en la sombra esperamos del orto nuevo el brillo;
y ¡oh Patria! ¡Aún es de noche! ¡Oh Patria! ¡Aún no amanece!

Rómulo E. Durón


*

Al héroe

Para empezar
digamos que no luces tan bien en esa estatua
y da lástima verte a sol y agua
espada en mano
guerreando contra nadie
sitiado por la oscura maleza del vacío
tanta vuelta y revuelta
sudorosas distancias batalladas
todo el tiempo ganado en esos años
¿tan sólo para el manso latido de este bronce?
la realidad
(tu más cierto homenaje)
sobrevive
debajo de las patas de tu potro fantástico
bájate
descabalga esas alturas
dale historia y quehaceres a tu espada.


Pasado presente

Excito a la juventud a continuar mi ejemplo.
-Francisco Morazán

Sólo alcanzó a decir:
"todavía estoy vivo",
y cayó,
haciéndose el muerto.
El pelotón y el cura se cruzaron
una sonrisa de alivio por el deber cumplido
y lo dejaron allí,
embrocado en su sangre, besando el polvo.
Esta vez hubo celebración
en las iglesias y casas de los ricos
(Charfield no podía disimular tanta alegría,
y entre abrazos y palabras alusivas al acto
se sobaba las manos
como si fueran dos fajos de billetes).
Entretanto,
Morazán se curaba las heridas,
reunía a su gente y a todos
los que creyeran que aún estaba vivo.
Preparaba nuevas batallas, escondido,
más necesario que nunca,
en algún lugar de Centroamérica.

Rigoberto Paredes



*
Uno

Antes de niño
(yo era apenas un tic en el vientre de mi madre)
ya se escuchaban voces sudorosas
morazán vigilaba desde entonces
y nadie se atrevía a mojar sus faldones de bronce
ni los perros eximios civilistas.

Pasaron varias décadas
y hoy me siguen dando por pan las mismas tortas
manotadas de ahogado por cerebro
y un rótulo en la frente
sexo lugar mujer todo está en orden
y el corazón me cuelga en el fondo de un polígono
/de tiro militar.

Alexis Ramírez


*

Morazán
1972-1842

General: Neruda dice
que la noche de su país es alta,
pero que usted vigila.
Desde que lo mataron
esos maricas josefinos
usted ha vigilado suficiente.
Desde que lo enterraron
y lo desenterraron
usted ha sido un hombre.
Sálgase ya del bronce general.
Asuma el mando.
Comience a trabajar entre estos pinos
antes que la ignominia se extienda por completo.

Livio Ramírez


*

Estatua-Morazán

Frente al vano reposo yo transijo.
Tu figura: península del viento.
Curso del mar. Sustancia. Padre, hijo
y espíritu terrestre del sustento.

Luz de perfil. El germen que prolijo
levantaste a la altura del tormento,
tiene que ser un sol, pero no fijo
porque la luz se mueve en tu momento.

Como no sé qué hacer para envolverte
con la cintura de la Patria y verte
de tu amor la estatura y su concierto;

desde mi tiempo-antonio te venero.
Y tu vida y tu muerte recupero.
Y estás en la mañana. Y no estás muerto.

Antonio José Rivas


*

Morazán vivo

No.
No estás ahí de bruces
indefenso en el polvo.

Ni se oculta tu estatua
entre los fríos picoteados por los pájaros.

Vives entre nosotros. Trabajas,
tienes sed.
O profundo en el monte
se anudan en tu barba
los hilos de lo trágico.

Cabalgas por la selva
triangulando
el espacio de nuestra geografía.

Miramos tus señales
desde los grandes pinos.
Oímos tus espuelas
arañando el vacío,
el eco de tus botas por los mapas de guerra.

No eres signo escarnio
congelado en la boca.
Ni falsísimo brillo de medallas.
Eres bajo del lodo
una espada continua.
Nuestro honor y destino
que custodian los mares.

Que lo aprendan los jóvenes
y resurja el milagro
del pan y de los peces.

Vuelves de todas partes
desde tu dignidad.
Estás entre nosotros
bajo la misma noche,
repartiendo la luz todos los días.

Roberto Sosa


*

Canto a la encontrada patria y a su héroe
(fragmento)

Así lanzada en el tiempo
con mi canción precursora,
Morazán desgarra mi frente
y su mensaje estampa en ella.
Me basta para saberlo
la voz que escucho por dentro.
Y si multiplicada voy toda
con su humanal presencia.
¿Acaso no eres tú, torrencial Patria
en mí, inexorablemente, desbordada?

Me intriga tu corazón
hermoseado en la historia.
¡Qué inexplorado mundo
 en tu ilimitada pupila!
 Hay que sobrevivirse
pero en la espina dorsal de tu cuerpo.
En tu fabulosa estructura,
habitante de mar y tierra.
Un pueblo de erguidos pinos
te sostiene la cabeza.
¡Capitán de antiguo coraje
que no sabes lo que es derrota!
En tu resplandor está la Patria,
 la Patria de tus milagros.

Eras como la tierra
con impulso vital indestructible…
Esto es Morazán desde el aire,
desde donde lo veo extendido.
Esto es Morazán desde su espada,
desde su sangre,
desde su sueño sin prisa,
desde sus caminos, sus edificios.
Esto es Morazán desde sus pájaros,
esto es Morazán desde su Patria.
Esto es Morazán desde la calle,
desde sus himnos y su victoria,
 desde su cielo y desde sus rosas.
Esto es mi Patria,
esto es mi limpio sueño,
esto es mi canto donde viven las palabras,
esto es mi piedra, mi sol, mi llanto.

Clementina Suárez


*

Sueña Morazán

Si hay más allá que sea hermoso y bueno
para tu gran amor atormentado.
Algo como tu ensueño realizado
en la escondida realidad del sueño.
Si hay más allá que tengas cinco estrellas
bajo tu mando, ¡General osado!
y pasees la vista emocionado
con un solo fulgor prendido a ellas.
Si hay más allá, mi General, espero
que te adorne el ojal de la solapa
un escudo con cinco pebeteros
en campo azul, y vivas prisionero
para no ver tu desunida patria
en hipnótica torre de luceros.

Jorge Federico Travieso


*

De un vecino del siglo XIX

Nosotros tenemos la vida en un hilo.
Se nos acaba el tiempo rápidamente, se nos va
de las manos entre el tumulto del odio
y la malignidad de las sombras.

El momento de confusión y de fracaso,
de eclipse para el hombre.
Con nuestra sangre van a ser sacrificadas
extensas zonas de luz,
la furia de las tinieblas no sólo se va a desencadenar
sobre nosotros, sino también sobre lo que con tanta verdad
y profundidad amamos.

Venimos de un pequeño pueblo levantado
por sencillos mineros
en la inmensidad de los bosques de pinos.

Vamos, pues, a morir a muchas leguas de casa.
Es la hora del tigre y la serpiente.
Los humanos están lejos.

Pompeyo del Valle

miércoles, 1 de octubre de 2014

"Sombra y carne" de Óscar Ordóñez Lastra (2)

"Los pies de Elena"
Contracubierta de Sombra y carne


Segunda parte
(Los materiales de derribo)


2

Estoy sentado a la diestra de Dios.
Y él me habla. Y él me ve.

Me tiro un pedo y él calla.

Siniestramente me cruzo al otro lado
y me tiro otro pedo
—como quien no se da cuenta—
—como quien es inocente—
y él interrumpe su discurso
ya definitivamente.

Comprendo la profundidad del desamparo.
La intensidad del desierto de horizontes
infinitos.

¿Valdrá como imagen del desgarro
del albedrío;
de la búsqueda
de la sombra
del descalabro?



3

Inventario:
Digo luna,
y se desbarranca la altura.
Digo distancia,
y me acechan los negros síntomas de la víspera.
Digo incertidumbre,
y los segundos engendran meses.
Digo silencio,
y me sinfonizan las cigarras de la conciencia.
Digo sombra,
y se me erizan soles en el bolsillo.
Digo carne,
y se me saltan los plomos.
Repito.
Vuelvo a repetir.
Y callo.



7

La rosa de los vientos en la rayuela y mandrágora de tu sexo.

La rosa de los vientos en la rayuela y mandrágora de tu sexo
los muslos al vuelo y tus pétalos palpitantes en sangre,
azabache acuarela en la sombra huraña de la carne,
densos tréboles eléctricos a la caricia y su ritmo
fresa reventada a delirantes abejas
tríptico aurora alga almendra
néctar de las entrañas
derramándose
urgente
miel
en 
mi
boca
          a
                 a
                       a
                             a
                                   a
                                         a
                                              a
                                                    a


10

¿Cómo hacer referencia a la nada?
...
si la palabra nada
en su condición pústula
—desparpajada— de obvia
cimarrona
ya es Algo.
...
un silbido, un desvanecimiento,
una fracción de sombra, del todo
suma de todas las nadas,
de todas las sombras.
...
cólera negra,
escorbuto y kilómetro y alcancía
silueta
pasmo
...
ashusss!



18

1. Colúmpiate
en dulce tortura de empalamiento,
vibrando tensa
sobre el abismo y el vértigo,
rumba 
el rumbo unívoco,
engranada
a mi herramienta desgarrante y segura,
¡sucumbre y revienta!
¡trasiega y silba!
restallante en la elipse de tus nervios,

2. centrifúgate
en profundos fragmentos en el sismo de la especie,
con tus pendones al aire
y tu heráldica frondosa
—frondosísima— y recíproca a los embates,
¡trastórnate!
¡aniquílate!
y reclínate lenta puesta de sol
—con estas imperativas instrucciones—,
esta es tu inteligencia ardiente
—para el gozo de una mujer—

3. estremécete
abierta en pétalos de hélice desquiciada,
¡desármate!
¡derrámate!
con tu más secreta substancia,
con tu más íntima caracola,
con tus profundos rocíos perfumados
de alga bailarina,
tu néctar de origen, ¡emborráchame!
con los códigos de la entraña y sus múltiplos,
con alaridos de sincera bestia,
néctares y alaridos, ¡derrámense!
estallante y muerte extraviada y renaciente
conmigo dentro,

4. y que la serenidad
del pasto peinado por el viento,
—el ondular despeinado de las espigas de avena—
proponga la tregua y el descanso,
con mis manos
sobre tu bosque sudoroso
como un pájaro dormido que se incendiara
durante el sueño.




26

Y si la ves dile que la extraño mucho
pero mucho mucho
y siempre
y si la ves dile que arrastro un fraseo
un frasco
de ecos
de oboes...








martes, 30 de septiembre de 2014

"Sombra y carne" de Óscar Ordóñez Lastra (1)



Si hay un libro de nuestra pos vanguardia que se robó mi corazón es Sombra y carne (1997), de Óscar Ordóñez Lastra. Y quizá sea un poeta y un libro no muy conocidos, y quizá piensen: “Hay tantos nombres ya referentes, ¡qué locura y grosería darle el lugar a un extraño!" Es inevitable: se trata de un hermoso libro conceptual, casi surrealista, con rastros de escritura automática que aborda un intimismo urbano, una ternura tratada con tanta alevosía, con una energúmena manera de entender el amor y el ser que, en fin, son tantas cosas las que podría decir. Hace varios años dejé mi poema favorito del libro POR ACÁ, en esta ocasión, mediante dos entregas, voy a compartir otros textos. En algunos casos son poemas extensos, pero si el libro llegara a caer en sus manos, al leerlo van a sobresaltarse de su extraordinaria belleza.


Primera parte
(El tamagás)



2

También he visto pasar junto a mí
horas caravanas de frases y de locuras,
pensamientos quietos hasta la tortura
desbarrancados y rotos
muertos de vergüenza en el ahora, —en
la duda ciénaga del alma—. Desde luego
mataba el tiempo durante
las tormentas que se atascan en la tarde.
Vi soles púrpuras en la angustia
seres desesperados de brújulas rotas —añicos—
rumbo de los nortes personalísimos
que pueblan los icebergs
y —por qué no— los signos ortográficos de la exclamación.
En busca de la pureza de las piedras negras
a la vuelta de la esquina,
en el fondo de los ríos
o en la curva ridícula de las desgracias
que son las que se hartan.
Una y otra vez,
el ritmo frenesí de las gentes,
el murmullo de las aguas débiles
en sus cauces; —soledades infranqueables
en el chorro de los días,
cuando florecen los alambres
en los postes,
bullicios —panal de abeja— de las señoritas
pulcras y no tan pulcras en las tiendas,
ropa de colores
canasta de frutas, —tripulaciones
que atracaron borrachas
en la última copa del amanecer,
tentaciones con desconocidas que tocan
los portones de la medianoche.
En este calambre de inmensidad se extiende
lo inútil y la extravagancia
que es un paisaje. No
creo que nadie haya olvidado.

He dado tumbos
por las calles en las que reconocí
la luz color escuela o lápiz
de ciertos atardeceres como si fueran otros.
Luz tristeza
luz emboscada luz ceniza
a través de ciertas ciudades inmediatamente después
de la lluvia: —He rondado
bajo la luna llena
bajo luces pálidas
cuando me hervían las venas.
Sin que nadie se percatara
de la ingeniería de mis pasos
en la marea baja de los adoquines y las calles
en las que encallan los contenedores repletos
de pulpa de soles
y cuadernos azules de los locos
y los cuerdos perdedores. Me he debatido
tormentoso en la gran madre
que es la nada. Bebí mares
de inquietud y de tristeza.


3
(Fragmento)

Sé que mi geografía alambrada
que tanto me concierne dado de bruces
desesperada dadas vueltas las costuras en los días y en
las costillas y en las noches en que estás ausente.
Sé que los buques nerviosos
en este mi amasijo de carne y células y huesos,
ligero de pertenencias en este mi estupor
llena la boca de mariposas ciegas
y naranjas en el temblor que me regalas. Sé
que la virgen dormida de tu pie y la arena y la lluvia
y tus manos. Sé que a veces me siento sobre mis
pensamientos
con el fin de esperar rachas de un tiempo azul
de proyectos luminosos y claros en el sendero.
Sé que tu murmullo de bestia y océano.
Sé que tu olor.
Sé que lo sabes.
Llegué a tocar el cielo
que habita oculto tras el otro
detrás de tu pelo
detrás de tu risa
tu universo, el que nos rodea, y mi cielo.

Entonces —yo abismo y tú mi eco— en verdad les digo
que me bailas en las piernas de la resonancia y que
es imprescindible dinamitar los puentes
es imprescindible quemar las naves barrigudas de tesoros
a través de las fiebres (un arco incendiado de purísimo
salto al vacío).
—Mira, mira los ángeles salvajes ángeles rebeldes (mira)
los hipnóticos potentes de cualquier parte en la que estoy
violento y aferrado y obseso
al vientre y al acuario y cintura
delgada como melodía —que nadie diga nada—
de una hembra mayúscula de nocturnos perfumes. Esto es
a veces más lento,
ocaso que los barre —al suave— el viento. Tan hermosa
de sandalias como la bandera de un pueblo del Asia Central
—Este mi deambularte tiene que encontrar
encontrarte busca ¿sabes? entrar en ti
me tienes que me deberás te voy ¿comprendes?
cuerpos amarrados entre olores
ciudad de los mil colores
pero ten cuidado porque esto ata,
no te das cuenta que te persigo hablando desde dentro
de tu pecho
olorosa tierra húmeda cuando duermes
princesa nómada de sandalias y cascabeles
sirena traviesa en la cama revuelta y sus olas
—Soy tuya sólo tuya
haz conmigo lo que tú quieras que yo haré contigo lo que
me estremezca
déjame que te hable de lo que tú deseas
no temas cansarte porque sin edad en mí descansas
¿mil palabras?
dámelas también aquí allá lo peor
que puede pasar besos miradas centellas dichas
es que no pase nada cuídame cuídame
mi lengua es brisa
mi lengua es inquieta en tu pelo en tu piel
yo María bebo de tu aguacero
yo María a la que no abarcas
a la que no espantas ten fe

Ojos color aceite tormenta la llamé
y vibré por ti mujer en lo otro
lo salvaje
dicen que cínico viví hasta los espasmos.

He sido he visto
reventar en mí —abanico de plumas— en la hélice del gozo
el animal sagrado de mi obsesión azul
y carne;
con el profundo corazón de la madera
crepitando combustible en la chimenea,
en aldeas secretas y calmas
de bollos frescos y sierras nevadas. Embriagados
al perfume de oscuras glándulas
y sábanas en habitaciones herméticas al paso de los días
y el teléfono;
en la ternura de los desayunos
—como niños recién despertados—
a la fascinación de los contrarios
y los más inesperados ángulos del cuerpo.
Mi esposa y mi sangre
mi alimento.
Será porque yo sólo sé mencionar las rocas
que toda noche trae despeñadas en un gesto.
Será porque tú ríes de alegría clara
con el cuerpo de alegría clara en los ojos
cuando logras embellecerme. Será porque antes
en y después del bicho el encanto nos sobrevive
como un deudo.
Será porque yo te creo el peligro y tú
me revelas el rescate. Porque se dice imposible
como si fuera un crimen. Porque sé que te conozco
desde hace varias vidas en esta o
en aquella.
Porque te cuelgas del aire contrayendo los dedos
de los pies desplegadas tus piernas en los extremos
de mi compás.
Porque no hay nada comparable
a que te palpite rojísimo el centro.
Porque no hay nada que hacer (esto es lo que hay)
una vez probado tu sangre es mi sangre
mi sangre es tu vida por eterna tu sangre
este imposible imposible
porque puedo pero no debo
porque debo pero no sé.


 5 (*)
(Fragmento)

La piel dispuesta como un piano,
el paladar una ventana,
mar y señal el perfume que va y viene,
ríos furiosos los ojos, caballo desbocado
tras los sentidos qué te quedo?

ebrio de repercutido y penumbras
bestia y viaje, árbol y temporada.

—Con el corazón en la boca
qué fiebre no has contenido?

Astillas el pensamiento al filo
de lo prohibido y su acantilado inmóvil,
la altura se mantiene quieta
en su contemplación de toda caída.

—Completamente derramado en la memoria
escarbas.

Gabriel, cuenta hasta diez
un puñado de segundos sin toser.
Y dame, un paisaje irreparable
un solo nocturno agitado,

justo en el ombligo de la nada.
Un paisaje desesperado,
de esos que pasaron por ti
instinto y navaja.

En busca del ángel que sabes
te observa oculto detrás de cada palabra.

Azul, de sonreír.
Es de tu propio pie la huella,
de tus batallas esas ruinas,
esas aves carroñeras que círculo eterno
remolinean sobre tu cabeza,
y sobre tu retirada
hacia lo imposible.

Donde se balbucea sangre y huesos
lo que tuerce los senderos;

acurrucado, en una esquina
la culpa de todos y de nadie.

La razón de tu estancia indefinida
entre los muros de este castillo de voluntades
rotas.

En los arrabales del cerebro
vueltas y más vueltas.

El tanteo de los eclipses,
el perfil de las derivas;
y es que perverso es tan sólo un nombre
palpitante de selva y carne y sombra
y cielo y mujer y estrella,

en fin, cualquier barranco
cualquier noche,

un paisaje irreparable Gabriel
casi urgente, casi.

—Completamente derramado en la memoria escarbo.

Fue entonces que sentí
a cambio de este completo despojamiento
—las mareas que nos comunican
los naufragios—,
las renuncias y los abandonos.

Algún día —seguramente— estaré
en una habitación pequeña de escasa,
de mi periferia angosta
más allá, casi tan acá, opino yo

nacer en mí,
naciones alegres de multicolores pabellones
y lenguas de substancias sólidos
como la piedra que afilada corta el aire,

recias y vigorosas como la épica
de verbos de bruscos movimientos
como el norte y sus vientos

Madrid barro cocido vivo
cintura estrecha de ladrillos rojos

—Ahogado y con los ojos abiertos
de tanto recuerdo y alboroto

Tegucigalpa D.C. y mi cantina substantiva
de agonía lenta

—o ese agujero
que resume todo en todo lado
sin notarlo nadie nadie

Naciones errantes y guerreras
despellejadoras por las estepas
por el tiempo y tupidas selvas
de —negros perfumes—
y animales escandalosos; bebedoras
y guitarra, de canciones en el fragor
de las batallas.

Una habitación escasa, dije,
pero también—
de paredes insoportablemente blancas.

El desconsuelo puede convertirse en un
pañuelo

—para conciliar el sueño me sería necesario
conocer el aullido de todos los perros
de la noche—.

Sentí razas,
pueblos al borde del mar
orgullosos de poderosas armadas flanqueadas
por los delfines en los golfos; pueblos
de perdidas inocencias
con vocabularios y leyendas
espesas en los pergaminos,
al filo de la primavera
OH! Vida
piedra angular de la pirámide del sol

Un crayón
la muerte o
algo así, como tener un muy buen dormir
—el chirriar de los columpios y cigarras
en los días largos del verano—

Y la imagen inundada
enervante entre mis cejas
porque a veces me acuerdo de ella.

Y festivas
bajo la luna llena y pasión violenta
y chispas del adulterio entre los dioses
de arcilla

¡Porque la sangre es vida!

A ras de conciencia esta charca
este dolor sordo que me carcome el alma
que debe ser mueble

tan mío, tan sólo mío, que no se olvide
el equilibrio que pase a cuchillo.

Gentes danzantes bajo la cortina de las tormentas
razas de ángeles caídos de lejos de las arcadias,
despiadadas en las búsquedas y
radicales en las religiones
de sal y mercurio,
sangre y fuego.

A ras de conciencia
ese toldo agujereado
refugio de los mendigos
bajo la lluvia desolada
de los días idos,
bastón de los por venir.
Porque a veces me acuerdo de ella
un invierno gélido de frío por dentro
frío por dentro
frío por dentro
frío por dentro

He participado, concluyo,
en la fundación —a través del amor,

la que turbulenta la angustia
que me palpita,

de la ciudad de los hombres comedores
de corazones, la ciudad de los hombres
de voz articulada,

la que intenciona el tiemblo
que me vibra,

la ciudad de los comedores de flores
y los contadores de luz,
la ciudad y la memoria
de los viajeros de la noche,
¡los bebedores de sangre!
en el cuenco del tiempo
y de los cuerpos y de las almas

la que orgasma
el nombre que me escarlata

siempremente asombrados
los ojos como platos

ante lo oceánico inconmensurable
y cambiante del cosmos
y su misterioso atanor,

en la desconocida,
en metros cúbicos de paisajes vibrantes
en las mujeres lejanas y perplejas
que siento pasar a mi lado
como un viento ciego.

¡traductores de la esfera!
¡los fumadores de polen!
¡los que meamos al pie de la Cruz!

Erguido en los escombros,
en los salvaje agoto mi cuerpo que es mi tiempo.

enemigos a muerte
de los que dicen OHH! mi espíritu
OHH! mi paz y mi equilibrio
y OHHHH! mi armonía de papel regalo.

Un día de paredes insoportablemente blancas
mucho tiempo es Ayer,
porque a veces me acuerdo de ella,
ceniceros llenos de colillas,
una alcantarilla que me nace y muere
en el mismo sitio, una alcantarilla
que me desemboca en el mar.

Yo, Nosotros los comedores de corazones
plenos de la raíz a la estrella
de lo bello inocente
de lo bello terrible
del minotauro y su estigma de flor roja
y sombra.

¡Por fin en el umbral de los cuarteles
y de los manicomios fui informado por fin!

acerca de la composición del plasma
en los cuerpos poéticos
y los vasos comunicantes con lo real,
su cuadrante, su ánfora tan antigua
como la mitad del tiempo.

En esta mi trayectoria
de la bacteria al ángel,
aunque para mí el horror es tan sólo un espectáculo.

Tengo motivos para una poderosa alegría.

Aunque,
mi documentación es escasa
pero mi saber crispado, considero
imprescindible
el conocer donde volver

aunque el regreso sea
—en todo caso—
IMPOSIBLE!!!



(*) Los subrayados en rojo son fieles al diseño del libro.

domingo, 28 de septiembre de 2014

La pregunta

Ilustración: Allan Caicedo


"Maestro" —balbuceó el joven viejo—: "¿Por qué usted siempre responde a nuestras interrogaciones con una pregunta?"

"¿Será culpa mía?", —contestó el anciano.


Julio Escoto


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Cubierta de "Los interiores" de Edilberto Cardona Bulnes



Anda circulando por la Internet la cubierta de Los interiores, del poeta Edilberto Cardona Bulnes. Este libro fue editado en España allá por 1973, luego de hacerse merecedor del Premio "Café Marfil".

La imagen fue compartida por el escritor y bibliófilo José González, quien a su vez la obtuvo por cortesía de Rolando Kattán. Ahora resta averiguar si Kattán realmente tiene en sus manos el libro y, de ser así, si podemos mantenernos a la espera de una pronta reedición de esta joya literaria. 

lunes, 22 de septiembre de 2014

Comentarios a "Mishima o la visión del vacío"



Mishima o la visión del vacío (1951) es un ensayo de la escritora belga Marguerite Yourcenar en el que se analizan elementos biográficos en torno a la vida de Yukio Mishima. La autora realiza un recorrido por la vida del escritor japonés, y a la vez que se van describiendo los hechos más trascendentales que marcaron la carrera de Mishima, se escudriña la producción literaria para ofrecer una visión más panorámica. La precisión en el manejo de los datos y la objetividad en el análisis no se pierden a pesar del apasionante interés y gusto que Yourcenar tuvo sobre la vida-obra de Mishima. 

Vemos cómo Yourcenar confronta la obra con el artista, y ofrece una reconstrucción cronológica de la aventura expresiva y la estructura psíquica del autor. Recordándonos la teoría de Freud, maneja el análisis en la obra literaria casi como síntoma neurótico en Mishima, y mezcla de manera fascinante la ficción y la realidad, al describir minuciosamente cada obra e intercalar los sucesos más importantes de la vida de Mishima durante los años en que se publicó cada obra. 

La autora parte describiendo cómo su trabajo abarcará tanto al escritor, como al individuo y al personaje que es “esa sombra o ese reflejo que el propio individuo contribuye a proyectar” (Yourcenar, 2003, p. 10, Seix Barral), pero aclara que “la verdad central” se encontrará sólo en la obra. Luego de eso, recuerda algunas anécdotas de la infancia y la juventud de Mishima que son tan reveladoras y que, en su mayoría, se encuentran en el libro Confesiones de una máscara. Mishima —nos dice Yourcenar— nace en Tokyo en 1925, hijo de un empleado de ministerio “considerado como un burócrata moroso” (ibíd., p. 17), y de una pedagoga. Pasó parte de su infancia muy apegado a su abuela, que venía de una dinastía de samuráis, y que padecía una serie de crisis nerviosas que Mishima siendo niño presenció. En palabras de Yourcenar “aquella hada loca puso en él, probablemente, el grano de demencia que antaño se consideraba necesario para el genio” (p.19).

Desde temprana edad se ve fuertemente impresionado con algunas cosas de Occidente. La famosa escena de eyaculación ante una foto de San Sebastián de Guido, y una ilustración de Juan de Arco montada en su caballo son dos imágenes que marcarán a Mishima. No abandona su apego por lo japonés, como la bella imagen del “cosechador del suelo nocturno” o el vendimiador que desciende por la colina al ocaso, creando una especie de sincretismo de los símbolos occidentales y orientales. 

Ya en la juventud, con su novela de principiante, La sed de amar, brotan los impulsos orgiásticos y sensuales que descubre en la pubertad, y que no abandonaron su obra. Su madre se interesa mucho por sus trabajos literarios y lo alienta a seguir. En la edad adulta, tras el éxito de Confesiones de una máscara, renuncia al puesto de burócrata que le había conseguido su padre y dedica de lleno a su carrera literaria. Para subsistir, sin embargo, parte de su trabajo tiene que ser “literatura alimentaria y publicaciones femeninas”. 

Confesiones de una máscara, dice Yourcenar, “nos produce la impresión de una autobiografía tomada a lo vivo”, y ofrece una imagen de la juventud entre 1945 y 1950, con elementos de autismo. Esta fue la obra maestra de Mishima, con la cual se abrió paso como escritor y comenzó una producción literaria del más alto nivel. El personaje central es un muchacho bisexual que se enamora en silencio “y desde lejos, del alumno más adulado y más atlético”. Además, este protagonista tiene una relación con una mujer casada, con la que mantiene encuentros furtivos en los cafés y la calle. Esto “también podría acontecer en París o en Nueva York” dice Yourcenar, como para hacernos ver los elementos occidentales, pero más aún, universales de la obra, que permiten que pueda situarse en cualquier parte del mundo. 

El mar de la fertilidad es una obra en cuatro volúmenes, donde “el contraste entre las duras y puras fuerzas elementales y el lujo pobre de un mundo gangrenado” (p., 44) es uno de los temas torales y, ciertamente, definitorios. En esta obra, considerada casi un testamento, ya la composición, el ritmo y el estilo han cambiado respecto a los trabajos anteriores. Bien nos dice la autora del ensayo: “Nos encontramos ahora ante un estilo desnudo, casi llano, contenido hasta en los momentos de lirismo, estriado con grietas destinadas, al parecer, a hacernos tropezar intencionadamente” (53). El subyacente sentido de reencarnación que rodea toda la tetralogía es, también, uno de los factores más atrayentes.

El primer volumen, Nieve en primavera, recrea la relación entre Honda y Kioyakim, y lo importante aquí es el paralelismo existencial, entre Honda que vive longevamente, y Kioyaki, que muere a los veinte años, “la vida del uno se desmigajará como se ha disipado la vida del otro” (57) sentencia Yourcenar. 

Caballos desbocados, segundo volumen, ya nos muestra a un Honda a los cuarenta años, con una existencia sombría. Sobre esta obra nos dice Yourcenar: “Tal vez es en este duro libro donde se encuentra el más extraño y el más tierno pasaje de toda la obra” (71).

En el Templo del alba, tercer volumen, se da la aparición de la princesa siamesa Ying Chan; y en El ángel en descomposición, volumen final, “la esperanza, y con ella las sucesivas encarnaciones del refinamiento, del entusiasmo o de la belleza, ya han muerto” (79). Para Yourcenar, este ángel que se pudre puede ser el mismo Japón, como símbolo de la catástrofe contemporánea que se vivía en el país por el tránsito hacia la modernidad. Es importante señalar que, la entrega de esta obra a su editor, se da la mañana en que Mishima decide poner fin a su existencia. 

Ahora bien, sobre la causa del suicidio ritual, lo que parece más claro es la obsesiva fascinación por la muerte que tiene el autor. Yourcenar explica que “las descripciones de seppuku (el acto de abrirse el vientre, seguido de la decapitación por el sable de una segunda persona) invaden toda la obra de Mishima. La autora nos dice cómo la muerte de Mishima constituye también “una obra maestra”, que debió ser planeada por el poeta. Tampoco se puede obviar la admiración que sentía por la tradición samurái, y quizá, en conjunto, estas fueron las razones de su suicidio. Todo parece indicar que Mishima deseaba morir, no se sentía satisfecho con su existencia, y como bien dice su madre cuando recibe el pésame de parte de unos visitantes: “No le compadezcan. Por primera vez en su vida ha hecho lo que deseaba hacer” (p.138).

En conclusión, la autora señala una analogía en cuanto al sable y la pluma del poeta. La sangre que corre a causa de una herida de sable simboliza “la sangre del poeta”, o más bien, la tinta con la cual escribe y convierte en un hermoso acto artístico y dramático su propia muerte. Con esto logra sondear completamente ese vacío búdico y, finalmente, abandonar la ilusión del mundo real.

sábado, 10 de mayo de 2014

Poemas de "Cuaderno de testimonios", José Luis Quesada




Imágenes

El autobús se aleja
entre árboles desgarrados.

El oleaje barre a fondo
la placita: chorrea
un banco solitario.

El ecuánime adobe
y la viga en flexión:
nada se oculta a la tristeza
de pupilas enormes.

Íntimo zumba el mosquerío
en la penumbra del hogar.


Ojos que han visto

Allá verdaderamente sólo hay polvo.
Las callejuelas más tristes del mundo
y los árboles más silenciosos
es allá donde están.

Los perros que aúllan de noche
nosotros los hemos oído.
Allá se echó a perder la juventud.
Allá las hojas caen brutalmente.


Junto a las blancas sábanas

Junto a las blancas sábanas que se secan al sol,
en el patio dorado, bajo la parra,
piensa en su vida que se acerca al fin.
Cierra los ojos ante la espantosa claridad del verano.

Ha recorrido medio mundo el viejo.
El mundo que sólo es grande cuando uno lo recuerda.

Después de todo, debió quedarse en casa.
Rodeado por el mar tibio y los muchachos
hubiera conservado la idea de un ámbito infinito.

Irrevocable es la esperanza. Al hombre pertenece.
Pero en las noches la ventana se hiela.
La tierra gira llena de seres y de cosas intocables.

Sin sobresalto pasa las horas. Triste.
Charlando con las visitas, bromeando.
Y los niños le esconden los zapatos
para que no salga a la calle a beber:
no hay una forma de dignidad
con qué encarar el tiempo?

Las cercas polvosas, el verano
y la súbita frescura (todo tan hermoso):
este pueblito por el cual se divorció de su primera mujer
porque no podía vivir sin el olor de su tierra:
todo esto lo atormentó en aquellos hoteles baldíos,
lo atormentó de día en el metro hacia el Bronx.
Soñaba con una vejez tranquila
junto a las cercas polvosas y los madriados en flor,
una vejez que se pareciera a la vida.

La primera vez que pensó seriamente en la muerte
tenía treinticinco.
Era su cumpleaños. Y lo felicitaron.
Él sollozó porque cayó en la cuenta:
había que morir, era la cosa.

Desde entonces durmió con los ojos abiertos,
esa mala costumbre.


Plenitud

Toco esta luz, su borde conocido,
acaricio la línea de esta luz
que es la del mundo: siendo la pasión
que sube de la calle y me estremece.
No estoy solo y es alta la ventana
el espacio en que vivo y donde rozo
el hombro de una cálida mujer
que hace más bello el mundo y sus criaturas
terrosas y queridas.
Me aproximo a su vientre (donde el hijo
crepita y aletea, libertad demandando)
y siempre emocionado
miro sus ojos, bellos de borde a borde.
Su sonrisa se abre como una
cola de pavo real, la estoy mirando.
Su presencia es como un alcohol en llamas
que irisa y risa mis papeles.
Hoy en mi pecho siento la poesía,
no importa que mañana o al cruzar
esa puerta la muerte nos sonría
(porque la muerte está viviendo mucho,
hace agosto con niños y rosales,
se oyen detonaciones a lo lejos).
La beso una vez más, con esperanza,
y a la calle salimos mano a mano.


La memoria posible

Esto acaba de un golpe:
te llevarán a un cuarto húmedo
sin retrete
te obligarán a dormir sobre tus excrementos
entonces oirás mi voz
oirás que me llamo
se harán presentes todos tus recuerdos
pero no escuches los lamentos
de los endebles asesinados
que aun ahora no tienen lugar fijo
y extrae del espanto de esos días
toda la cólera posible:
no olvides que desafiaste a la policía
porque no quieres ser guardián del orden público
de eso se trata y ya estuviste preso
en esta y en otras prisiones del país
y en las cuarterías donde se pudrió tu niñez
tu vida ha sido una prisión sin límites
has caminado muchas noches
y no llegaste nunca de una pared a otra
sabes lo que vendrá
la fórmula es sencilla:
te matarán esta misma noche
o te pondrás en libertad tiempo después
conociendo las cosas
hablemos de la broma mortal
que les gastarás al salir
lo otro no necesita comentario.

viernes, 4 de abril de 2014

Silvio Rodríguez: "Quince canciones"




1
La canción de la trova
Es la canción con la que me autodefiní. No era baladista ni cantautor, como dictaba la moda, sino trovador, como los antiguos, como Sindo Garay y Miguel Matamoros.

2
La era está pariendo un corazón
Es la primera que me inspira el Che, y se convierte en suceso interpretada por Omara Portuondo. También es la primera que trasciende las fronteras de Cuba: el argentino Pino Solanas la incluye en su documental “La hora de los hornos”.

3
Canción del elegido
Creo que está entre las canciones donde cristalizó una suerte de lenguaje personal. También fue la primera que el pueblo cubano incluyó en su argot. Cuando alguien preguntaba “¿Cómo estás?”, a veces se decía: “Aquí, matando canallas...” No en balde fue también la primera que hicieron suya los rumberos.

4
Epistolario del subdesarrollo
No fue la primera canción crítica que hice, pero fue de las más escandalosas e incomprendidas. Varias veces me echaron a la calle por cantarla. Pocos vieron que tras aquella diatriba contra nuestras miserias locales había un desgarrado nivel de autoexigencia y un desafío al llamado primer mundo.

5
Esta canción
Es la más descarnada. La hice el día que cumplí 21 años, durante un decepcionante festival de la canción en Varadero. Quedé tan agotado y vacío que nunca más intenté algo parecido, como una experiencia por la que sólo se transita una vez.

6
Ojalá
Recuerdo la mañana en que la estaba escribiendo, en el “Playa Girón”. Emilia fue la llave de ingreso a aquella música y palabras vertiginosas. Era un momento intenso, una conciencia plena de lo que estaba hallando. Andaba y desandaba los dos metros y medio del camarote con la guitarra sobre el pecho, cantando aquella aparición, chocando con todo, con la vista nublada. Entonces no entendía aquellos sentimientos de fiera enjaulada. Al cabo de los años, viendo la respuesta que Ojalá provoca en tantos públicos, me pregunto cómo aquella mañana tan solitaria de alta mar pudo llegar hasta el futuro.

7
Playa Girón
Fue la primera vez que jugué a hacer una canción panfletaria para desarticular esa categoría, explicitando el proceso de elaboración. Estuve a punto de titularla “Arte Poética”, pero le dejé “Playa Girón” en homenaje a aquellos pescadores que libraban una batalla en cierto sentido tan crucial como la de Bahía de Cochinos.

8
Óleo de mujer con sombrero
Soy culpable de haberla separado de sus hermanas, porque es la segunda de la tetralogía "Exposición de mujer con sombrero". Junto con Ojalá, La Maza y algunas otras, es de las canciones que más piden. Pasan cosas fabulosas con ella: la gente se enamora. En ese sentido es lo más cercano a la función de un bolero que he conseguido.

9
El Papalote
Le guardo un especial cariño porque describe recuerdos de infancia en mi pueblo y la vida de aquel hombre, que hacía papalotes y que al cabo de los años me hizo comprender a la gente anónima que es importante para los niños. En realidad trata de muchos temas; entre ellos hay un toque a la discriminación racial, sin subrayarlo, que es parte de un viejo propósito que siempre tuve: hablar de cosas cruciales como si fuera sin querer, sin ser didáctico, sesgadamente, como la mayoría de las veces nos enseña la vida real.

10
Pequeña serenata diurna
Entre varias canciones mías donde lo personal y lo colectivo se funden, esta creo que es la que mejor lo consigue, por su transparencia. Creo que fue un resumen, tras hacer otros muchos intentos, entre los que también pudiera contarse Te doy una canción. Usé la paráfrasis de un título de Mozart porque creí encontrarme ante el mismo dilema que él en su Pequeña música nocturna: nombrar cosas grandes en un espacio ínfimo.

11
Sueño con serpientes
“Es una canción sin familia”, me dijo Sabina, y quizá tenía razón. La escribí de madrugada, porque la soñé: soñé las serpientes tragándome y soñé la música medio árabe que tiene, con el bajo en clave de son y todo. La cita de Bretch se la puse como brújula, porque si hoy resulta misteriosa, cuando la hice era desconcertante. Entonces parecía demasiado críptica, y yo necesitaba de un recurso para darle sentido. Y confieso que el sabio de Bretch empezó su ayuda por mi mismo.

12
Rabo de nube
La escribí en la ciudad de México, a fines de los 70, una tarde en que me quedé solo en la casa de un amigo que nos daba albergue, a Noel Nicola y a mí. Pero la tenía escrita en la percepción desde que era niño y la había intentado varias veces. En Girón-Preludio le pasé la mano, pero la dejé ir. Me parece que todo el que ha sido niño y ha visto un tornado, ha sentido fascinación por el poder de la naturaleza. En Cuba la gente del campo les llama rabo de nube. Lo demás es crecer, vivir el mundo y darse cuenta de lo necesarios que serían, si barrieran con todas las tristezas. Para mi esta canción significa comunicarme con un sentimiento de todos, seamos de donde seamos y pensemos como pensemos. Algunos jazzistas se han fijado en ella: hay versiones de Charles Lloyd, de Chucho Valdés, de Charlie Hyden y de otros.

13
Unicornio
Cuando apareció la canción, el diario “El Mercurio”, de Chile, hizo una encuesta preguntando qué era el unicornio para cada entrevistado. Isabel Parra me trajo la página y leerla fue estremecedor. Cuánta razón había en cada una de las interpretaciones: una señora hablaba de su esposo muerto, una niñita lloraba su cachorro perdido... Creo que descubriendo todo aquello me di cuenta de lo que había escrito. Con Unicornio sucedieron otras cosas extrañas: la escribí a finales de 1980, o en enero del 81, no recuerdo. Lo que sí sé es que el disco fue editado en el 82. Y resultó que el año siguiente, 1983, fue nombrado como año mundial del unicornio por la UNESCO. Entonces comenzaron a aparecer libros, almanaques, agendas, y hasta se hicieron peregrinaciones al museo de Los Claustros, en New York, donde se encuentran los cincos famosos tapices de los unicornios. Para colmo, unos pocos meses después, un ingeniero genético inglés consiguió un cabrito con un solo cuerno en la frente. Todo eso fue, y sigue siendo, un gran misterio para mi.

14
Oh melancolía
Era una canción que necesitaba hacer. Llevaba años trabajando con Afrocuba, dándole preferencia a los ritmos, y mi espíritu añoraba la lírica. El tema se me ocurrió en un ensayo que detuve inmediatamente, para correr a mi casa a desarrollarlo. No me fue fácil, estuve tres meses dándole vueltas. Pero uno acaba sabiendo reconocer cuando tiene cierto tipo de materia prima entre manos y entonces no ceja. Puse en práctica todo lo que sabía, pero afortunadamente el tema mismo era algo que no sabía, que me había inducido el azar. Y el azar es una de las fuerzas más descomunales de la naturaleza. Según los físicos, de ahí nacen las singularidades, como el Big-Bang... Bueno, está claro que no creé el universo con Oh melancolía, pero mi modesto universo musical creció con ella.

15
Casiopea
Cintio Vitier y Fina García Marruz me dijeron que era la canción que más les atraía de “Rodríguez”. Qué satisfacción sentí. Porque a mi me pasaba lo mismo. El tema de los exilios. Todos somos exiliados de algo. La misma vida se encarga de exiliarnos de sitios como la niñez. Qué elemental y qué controvertido. Casiopea y Ala de colibrí son de esas canciones que por momentos se me escapan (hay otras), y puede que algún día les descubra  otros significados, como me pasó con Unicornio. Esta ignorancia de mi mismo me ha llevado a pensar que acaso soy un mostrador de sugerencias, porque el mundo se encarga de completar la dimensión de lo que expongo. Es probable que mi utilidad consista en ser vehículo, herramienta de la que algo se sirve para que la gente no olvide aspectos de sí misma.



De su blog: Segunda cita 

lunes, 24 de marzo de 2014

El carrusel de (69) delicias de M.D. Aguilera




"...interrogar nuestra propia y descreída mirada, indagar si podría sustraerse un instante a sus resabios, sus fatuos sarcasmos y descubrir imágenes capaces de desafiar el cataclismo psíquico y antropológico que representa un aprendizaje sexual como el actual, visualmente basado solo en la pornografía. Desde esta perspectiva cabe acercarse a Carrusel de (69) delicias. Y también desde todas las demás."








Para acceder al carrusel: http://mdaguilera.net/es/password.php
Password: maithuna

sábado, 1 de marzo de 2014

Un poema de José Adán Castelar







* * *

¿Qué es caminar juntos si no el largo camino
que emprendemos entre el riesgo y la tarde?
En la breve eternidad del corazón, las despedidas
lo van dejando solo, solo, solo, hasta
que un día él escucha la suya,
más con nostalgia que con horror.

La felicidad
es la supervivencia entre la sombra que llega
y la luz que cae. Y partir. Siempre parte alguien.
Queda un pecho vacío como casa abandonada
por su único habitante, por los encuentros
humanos de pronto idos.

Experimentar, he aquí
el alud de sal en la noche secreta, el luto
interior que las campanas extienden
sobre el campo, el ¡ay! solitario
que el tiempo se encarga de apaciguar
como si la ausente hubiese prometido volver,
quedarse entre los suyos como antes.

Ah, el amor coronado de luces fortalecidas
por los años que vuelven vivibles
esperas y sombras.

Ah, el amor siempre
puesto a prueba por los hilos de araña
del sueño y por las amplias batallas
de la cotidianidad.
Amar, nunca tiempo futuro sino ahora. Y aunque
en el futuro los términos acechan, cada día
el enamorado vive dos siglos
y cada día es el instante del que ama.

Ah, el último adiós, cómo deja solo al corazón
en mitad de la noche, cuando las preguntas
son blasfemias o respuestas como tumbas
o barcos.

Porque llega la doble
estación del reencuentro: cuando la yerba
es como la puerta por donde entra un pájaro
o un ser humano parecido a otro ser humano
que vuelve al amor y al hogar, entre los remos
rotos, concluido el viaje. Y el fuego,
otro.



José Adán Castelar