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viernes, 4 de abril de 2014

Silvio Rodríguez: "Quince canciones"




1
La canción de la trova
Es la canción con la que me autodefiní. No era baladista ni cantautor, como dictaba la moda, sino trovador, como los antiguos, como Sindo Garay y Miguel Matamoros.

2
La era está pariendo un corazón
Es la primera que me inspira el Che, y se convierte en suceso interpretada por Omara Portuondo. También es la primera que trasciende las fronteras de Cuba: el argentino Pino Solanas la incluye en su documental “La hora de los hornos”.

3
Canción del elegido
Creo que está entre las canciones donde cristalizó una suerte de lenguaje personal. También fue la primera que el pueblo cubano incluyó en su argot. Cuando alguien preguntaba “¿Cómo estás?”, a veces se decía: “Aquí, matando canallas...” No en balde fue también la primera que hicieron suya los rumberos.

4
Epistolario del subdesarrollo
No fue la primera canción crítica que hice, pero fue de las más escandalosas e incomprendidas. Varias veces me echaron a la calle por cantarla. Pocos vieron que tras aquella diatriba contra nuestras miserias locales había un desgarrado nivel de autoexigencia y un desafío al llamado primer mundo.

5
Esta canción
Es la más descarnada. La hice el día que cumplí 21 años, durante un decepcionante festival de la canción en Varadero. Quedé tan agotado y vacío que nunca más intenté algo parecido, como una experiencia por la que sólo se transita una vez.

6
Ojalá
Recuerdo la mañana en que la estaba escribiendo, en el “Playa Girón”. Emilia fue la llave de ingreso a aquella música y palabras vertiginosas. Era un momento intenso, una conciencia plena de lo que estaba hallando. Andaba y desandaba los dos metros y medio del camarote con la guitarra sobre el pecho, cantando aquella aparición, chocando con todo, con la vista nublada. Entonces no entendía aquellos sentimientos de fiera enjaulada. Al cabo de los años, viendo la respuesta que Ojalá provoca en tantos públicos, me pregunto cómo aquella mañana tan solitaria de alta mar pudo llegar hasta el futuro.

7
Playa Girón
Fue la primera vez que jugué a hacer una canción panfletaria para desarticular esa categoría, explicitando el proceso de elaboración. Estuve a punto de titularla “Arte Poética”, pero le dejé “Playa Girón” en homenaje a aquellos pescadores que libraban una batalla en cierto sentido tan crucial como la de Bahía de Cochinos.

8
Óleo de mujer con sombrero
Soy culpable de haberla separado de sus hermanas, porque es la segunda de la tetralogía "Exposición de mujer con sombrero". Junto con Ojalá, La Maza y algunas otras, es de las canciones que más piden. Pasan cosas fabulosas con ella: la gente se enamora. En ese sentido es lo más cercano a la función de un bolero que he conseguido.

9
El Papalote
Le guardo un especial cariño porque describe recuerdos de infancia en mi pueblo y la vida de aquel hombre, que hacía papalotes y que al cabo de los años me hizo comprender a la gente anónima que es importante para los niños. En realidad trata de muchos temas; entre ellos hay un toque a la discriminación racial, sin subrayarlo, que es parte de un viejo propósito que siempre tuve: hablar de cosas cruciales como si fuera sin querer, sin ser didáctico, sesgadamente, como la mayoría de las veces nos enseña la vida real.

10
Pequeña serenata diurna
Entre varias canciones mías donde lo personal y lo colectivo se funden, esta creo que es la que mejor lo consigue, por su transparencia. Creo que fue un resumen, tras hacer otros muchos intentos, entre los que también pudiera contarse Te doy una canción. Usé la paráfrasis de un título de Mozart porque creí encontrarme ante el mismo dilema que él en su Pequeña música nocturna: nombrar cosas grandes en un espacio ínfimo.

11
Sueño con serpientes
“Es una canción sin familia”, me dijo Sabina, y quizá tenía razón. La escribí de madrugada, porque la soñé: soñé las serpientes tragándome y soñé la música medio árabe que tiene, con el bajo en clave de son y todo. La cita de Bretch se la puse como brújula, porque si hoy resulta misteriosa, cuando la hice era desconcertante. Entonces parecía demasiado críptica, y yo necesitaba de un recurso para darle sentido. Y confieso que el sabio de Bretch empezó su ayuda por mi mismo.

12
Rabo de nube
La escribí en la ciudad de México, a fines de los 70, una tarde en que me quedé solo en la casa de un amigo que nos daba albergue, a Noel Nicola y a mí. Pero la tenía escrita en la percepción desde que era niño y la había intentado varias veces. En Girón-Preludio le pasé la mano, pero la dejé ir. Me parece que todo el que ha sido niño y ha visto un tornado, ha sentido fascinación por el poder de la naturaleza. En Cuba la gente del campo les llama rabo de nube. Lo demás es crecer, vivir el mundo y darse cuenta de lo necesarios que serían, si barrieran con todas las tristezas. Para mi esta canción significa comunicarme con un sentimiento de todos, seamos de donde seamos y pensemos como pensemos. Algunos jazzistas se han fijado en ella: hay versiones de Charles Lloyd, de Chucho Valdés, de Charlie Hyden y de otros.

13
Unicornio
Cuando apareció la canción, el diario “El Mercurio”, de Chile, hizo una encuesta preguntando qué era el unicornio para cada entrevistado. Isabel Parra me trajo la página y leerla fue estremecedor. Cuánta razón había en cada una de las interpretaciones: una señora hablaba de su esposo muerto, una niñita lloraba su cachorro perdido... Creo que descubriendo todo aquello me di cuenta de lo que había escrito. Con Unicornio sucedieron otras cosas extrañas: la escribí a finales de 1980, o en enero del 81, no recuerdo. Lo que sí sé es que el disco fue editado en el 82. Y resultó que el año siguiente, 1983, fue nombrado como año mundial del unicornio por la UNESCO. Entonces comenzaron a aparecer libros, almanaques, agendas, y hasta se hicieron peregrinaciones al museo de Los Claustros, en New York, donde se encuentran los cincos famosos tapices de los unicornios. Para colmo, unos pocos meses después, un ingeniero genético inglés consiguió un cabrito con un solo cuerno en la frente. Todo eso fue, y sigue siendo, un gran misterio para mi.

14
Oh melancolía
Era una canción que necesitaba hacer. Llevaba años trabajando con Afrocuba, dándole preferencia a los ritmos, y mi espíritu añoraba la lírica. El tema se me ocurrió en un ensayo que detuve inmediatamente, para correr a mi casa a desarrollarlo. No me fue fácil, estuve tres meses dándole vueltas. Pero uno acaba sabiendo reconocer cuando tiene cierto tipo de materia prima entre manos y entonces no ceja. Puse en práctica todo lo que sabía, pero afortunadamente el tema mismo era algo que no sabía, que me había inducido el azar. Y el azar es una de las fuerzas más descomunales de la naturaleza. Según los físicos, de ahí nacen las singularidades, como el Big-Bang... Bueno, está claro que no creé el universo con Oh melancolía, pero mi modesto universo musical creció con ella.

15
Casiopea
Cintio Vitier y Fina García Marruz me dijeron que era la canción que más les atraía de “Rodríguez”. Qué satisfacción sentí. Porque a mi me pasaba lo mismo. El tema de los exilios. Todos somos exiliados de algo. La misma vida se encarga de exiliarnos de sitios como la niñez. Qué elemental y qué controvertido. Casiopea y Ala de colibrí son de esas canciones que por momentos se me escapan (hay otras), y puede que algún día les descubra  otros significados, como me pasó con Unicornio. Esta ignorancia de mi mismo me ha llevado a pensar que acaso soy un mostrador de sugerencias, porque el mundo se encarga de completar la dimensión de lo que expongo. Es probable que mi utilidad consista en ser vehículo, herramienta de la que algo se sirve para que la gente no olvide aspectos de sí misma.



De su blog: Segunda cita 

sábado, 28 de diciembre de 2013

Nota sobre "Te doy una canción"


Te doy una canción

Por: Marta Valdés
Marzo, 1980

Publicado en la revista Cuba Internacional


Te doy una canción cumple exactamente una década en estos momentos. Fue compuesta –según nos dice su autor— en febrero o marzo de 1970. Es posiblemente, de entre sus canciones, una de las más difundidas y solicitadas en todas partes. Ha sido grabada en el primer LP de Silvio Rodríguez en Cuba y aparece en sus grabaciones internacionales. Aparte de su autor, la primer intérprete que la popularizó fue la cantante Elena Burke. En la actualidad, su título es el del programa de televisión que semanalmente presenta en Cuba el Movimiento de la Nueva Trova.

No es raro que en tan poco tiempo se haya ganado la preferencia del público. Es posible que ninguna otra canción comenzara así: cómo gasto papeles recordándote, y era necesario que existiera, porque ¿quién no ha tenido necesidad de decir alguna vez esas palabras? Comenzamos dejándonos atraer por el tono íntimo de las tres primeras frases y si quisiéramos escucharla fríamente nos sería difícil, pues ella encierra el arte de llevarnos como sin querer a un crescendo emocional que va más allá de su última palabra. Es una canción que se queda viva en el aire después que terminamos de escucharla, porque no fue fabricada para el comercio, sino sentida. Es una canción de amor y a la vez de combate, es la elocuencia del amor interrumpido a veces y a veces impulsado por la necesidad de la acción, y viceversa.

Silvio Rodríguez comenzó a dar a conocer sus canciones a finales de la década del sesenta. Las primeras nacieron de noche, con una vieja guitarra que adquirió cuando ingresó en el servicio militar. Allí, aprendiendo este y aquel acorde de un compañero de batallón, aislándose bajo una mata cualquiera y tal vez apagando el sonido de la madrugada para no ser descubierto, comenzó a soltar sus ideas, desató los impulsos de su extraordinaria mano derecha y encauzó una de las corrientes más vitales de nuestra canción popular, continuando la tradición de Sindo Garay y tantos otros. Silvio establecía así las bases de lo que luego llamaríamos la Nueva Trova. El primer impacto que produjo con La era está pariendo un corazón (1968) fue decisivo. Su libertad expresiva, su originalidad, se manifestaron desde un principio; luego su obra creció, se desarrolló y ha madurado como para augurar perspectivas todavía más prometedoras. Silvio siempre fue Silvio, y cada vez que nos dice: te doy una canción, sabe por qué lo está diciendo.


Cómo gasto papeles recordándote,
cómo me haces hablar en el silencio,
cómo no te me quitas de las ganas
aunque nadie me ve nunca contigo.
Y cómo pasa el tiempo
que, de pronto, son años
sin pasar tú por mí,
detenida.

Te doy una canción si abro una puerta
y de la sombra sales tú.
Te doy una canción de madrugada,
cuando más quiero tu luz.
Te doy una canción cuando apareces
el misterio del amor,
y si no lo apareces no me importa:
yo te doy una canción.

Si miro un poco afuera, me detengo:
la ciudad se derrumba y yo cantando.
La gente que me odia y que me quiere
no me va a perdonar que me distraiga.
Creen que lo digo todo,
que me juego la vida,
porque no te conocen
ni te sienten.

Te doy una canción y hago un discurso
sobre mi derecho a hablar,
te doy una canción con mis dos manos,
con las mismas de matar.
Te doy una canción y digo patria
y sigo hablando para ti.
Te doy una canción como un disparo
como un libro, una palabra,
una guerrilla,
como doy el amor.

martes, 24 de diciembre de 2013

martes, 22 de octubre de 2013

Siempre al estar con Silvio a solas me pongo a pensar en el futuro, cuando esté vieja, cómo va a ser y qué cosas voy a sentir al escucharlo. Me he criado con su música desde que tengo memoria, desde antes de nacer incluso. Nunca se me van a olvidar las imágenes de mi papá sentado en la cama del cuarto, tocando en la guitarra sus canciones y yo metiendo mis dedos entre las cuerdas. Creo, casi segura, que no hay una canción que me recuerde más a mi viejo que Unicornio, quizás porque a la larga ha sido el único amigo que me ha apoyado en todos mis cagadales. Esa canción -que habla de la amistad perdida- siempre me produce maripositas tristes en el estómago, pues me los cuenta a los dos como unicornios azules que aún no se me han perdido pero que un día lo harán.

Estos meses raros sin saber del viejo me han puesto a meditar en esa situación compleja que es el amor paternal. Mi papi ha sido siempre, a pesar de muchas cosas, la figura junguiana de mi admiración y cariño. De niña era una cuestión muy romántica, por así decirlo. Ahora que soy adulta veo en mi papá a un amigo irremplazable -con el que siempre estoy peleando, sí- al que entiendo, y que me entiende. Y Silvio, pues qué decir, cuando quiere juega conmigo y puede hacerme sentir infinitamente triste y luego, en un instante, infinitamente feliz. Más que un cantautor predilecto, fue y es algo ya muy propio: su figura inevitablemente atraviesa lo que mi viejo es para mí, tanto que los dos le dan forma a la figura paternal que quiero y que como hija valoro. Estoy segura que cuando uno de los dos falte, voy a sentir que perdí a la mitad del otro. 


***


Papá, yo te hablaré despacio
como quien le habla al viento.

Dibujaré en la penumbra tu mirada cansada,
tus ojos de color humano,
tus lozanas arrugas
que en tantos y tantos años
no han perdido su luz. 

Papá, si tienes miedo
estaré a tu lado
de lejos;
no dormiré si tú no duermes,
si estás mudo callaré.
Juntaremos
el silencio de las flores
en una sola palabra.

Escucharé las grabaciones
sentada en la ventana,
aquellos viejos cassettes,
pequeños monumentos
que arraigan tu alegría 
mi voz junto a la tuya
y el dulce desafino de tus cuerdas.

Papá, quédate conmigo
aunque no estés aquí,
mi llanto no ha madurado
para un adiós de verdad.

Si te perdieras un día
me quedaría amarrada
a números incontables,
a vacíos feroces
con una sola canción.

Por un camino de piedras
caminaría, muy lento,
como los ciegos que a tientas
tocan mundos oscuros,
soñando con los paisajes
que nunca pudieron ver.

Me sentiría muy triste cuando viera el carrito
del señor que vende hot dogs,
cuando escuche Silvio a medianoche, 
y llore de repente
como hoy.

Papá, yo pensaré en ti
cuando nadie lo haga,
desearé tu presencia cuando en las sombras
las estrellas salgan a pasear
y nuestra osa mayor brille
más que nunca.

Te veré en cosas ajenas
en la lejanía misma
-esa ruta desleal
que ha sido nuestro verdugo.

Estaré contigo hasta que el mundo 
se descomponga y muera;
volveré a sacar tus canas
y a dormir sobre tu panza
y reiremos juntos como enamorados
que nunca ven la caída.

Papá, cuando no tengas
una miga de razón
yo seré tu conciencia,
y cuando el hastío te consuma,
yo seré tu locura.

Cuando falte la diatriba
o una plática chistosa que dure horas
y horas,
no te olvides que existe
quien aún lleva tu progenie:
la soledad,
el sol.

Papá, nadie te ama
como puedo amarte yo.

-"Papá" (2004).






domingo, 6 de septiembre de 2009

Canción a Maiakovski



Desde el cuarto alto sonaba la canción que corresponde al video de arriba, cuando me desperté esta mañana e inmediatamente se me vino a la mente ese poema de Maiakovski escrito después de abandonar la celda. Por supuesto que estas relaciones, siempre, tienen su depositario, o depositaria...


¡Qué queréis!
Las páginas
susurrantes
entreabren sus párpados,
y el olor
de la pólvora
insiste
en nuestras fronteras.
Nada nuevo
cae bajo el rayo
cuando uno tiene
más de veinte años.
¿Vamos a entristecernos
por eso?
¿Vamos a gritar que nos hundimos?
La historia con sus aguas bravas,
la guerray las amenazas
están ahí:
nosotros
seguiremos adelante
como una proa en medio del espacio.

Vladimir Maiakovski
de “Poemas 1927-1929”

viernes, 5 de junio de 2009

Entrevista a Silvio Rodríguez

De chico quería ser astrónomo o astronauta, pero sus canciones lo llevaron a ser el músico más identificado en el mundo con la Revolución Cubana. En 1978, Silvio Rodríguez viajó por primera vez a Estados Unidos para actuar junto al músico Pete Seeger. Este 5 de mayo, Seeger cumplía noventa y Rodríguez fue invitado a participar de la celebración, pero el gobierno de Estados Unidos no le concedió la visa y no pudo viajar. Mientras termina de grabar su nuevo disco, el músico aceptó dialogar con Crítica de la Argentina sobre este y otros temas.

–¿Qué sucedió?

–Fui invitado por la familia de Seeger a un homenaje. Pedimos una visa especial que Estados Unidos da para acontecimientos culturales, pero no llegó nunca.

–Si, en vez de pedir la visa, se hubiera lanzado al mar en una balsa, ¿lo habrían dejado entrar?

–No sólo me hubieran dejado entrar, ¡me hubieran exhibido como trofeo!

–¿Cómo funciona el sistema migratorio para los cubanos?

–Según la “ley de ajuste cubano”, los emigrantes ilegales cubanos interceptados en el mar son devueltos a Cuba, pero los que logran pisar tierra adquieren el derecho a la residencia. Somos el único país al que se le aplica esta ley. Es un concurso macabro que les ha costado la vida a muchos.

–¿Y a los cubanos que quieren salir de Cuba, los dejan?

–Para salir o entrar, hace falta un permiso especial del gobierno. Es una medida que se tomó a principios de la Revolución, como control de fronteras. En mi criterio es obsoleta, daña mucho a Cuba y debería ser eliminada.

–¿Por qué Hilda Molina no puede viajar a Buenos Aires?

–No lo sé. Si fuera por mí, hace mucho que estaría donde desea.

–Obama habló de un diálogo con Cuba. ¿Cree que es posible?

–Sé de la disposición de diálogo del gobierno cubano y de las manifestaciones presuntamente conciliatorias de Obama. Si hubiera un diálogo, debería ser respetuoso y en condiciones de igualdad. Cuba es un símbolo de dignidad y América Latina le está haciendo ver a Estados Unidos su disconformidad con el bloqueo.

–¿Cuáles son las consecuencias del bloqueo?

–El estrangulamiento del comercio y de la economía, la pérdida de miles de millones de dólares, no poder hacer transacciones con bancos que tengan relaciones con Estados Unidos. Nos niegan los créditos y el acceso a la tecnología. No podemos comprar equipos médicos, computadoras y ni siquiera micrófonos. Nos borraron hasta de los mapas de las líneas aéreas. Esta hostilidad lleva medio siglo y todavía dicen que lo hacen para ayudar al pueblo.

–¿Qué pasaría si Obama levantara el bloqueo?

–Cuba no sólo es lo que ha elegido, también lo que ha podido, con la enemistad de un poder exterior grande y cercano. Pero hay un punto en el que acordamos: Cuba debe cambiar, evolucionar. Lo dice la dirección de la Revolución, lo dice Obama, lo dice el pueblo y también la oposición. Lo único que generará ese cambio con rapidez es el levantamiento incondicional del bloqueo. Lo que ocurra será lo que merecemos los cubanos por ser como somos y no porque nos lo imponen.

–Estados Unidos habla de “democratizar” Cuba. ¿Sería más democrática con otros partidos?

–Democracia es el gobierno del pueblo, pero el pluripartidismo no garantiza per se que los pueblos se gobiernen. Sobran ejemplos de países con varios partidos y que ninguno defiende las razones populares: mandan los políticos comprometidos con las oligarquías. ¿Cómo se identifica la democracia con la defensa de los intereses de los ricos? Haciéndoles creer a los pobres que un día van a ser ricos. Lo que hace falta es más voluntad de hacer justicia.

–Vi más oposición y reclamos entre los jóvenes. Los mayores parecían estar mucho más identificados con la Revolución. ¿Es así?

–El trastrueque de llamar reaccionaria a la izquierda y progresista a la derecha empezó en el sindicato Solidaridad y la Perestroika; el derrumbe del muro de Berlín lo canonizó. Es lo que el consorcio ideológico capitalista escupe vía satélite y Occidente mitifica como “políticamente correcto”. Los movimientos de liberación ahora son “terroristas” y los que derribaron un avión comercial son “combatientes anticastristas”. A los jóvenes les tocó una época en que algunos principios fueron cambiados de bando. Los vencedores renombran el mundo a través de sus medios. Hay muchos jóvenes que creen en los fundamentos revolucionarios y saben que el socialismo es más justo. Sin embargo, el mundo es diferente del de aquellos jóvenes que emprendieron la Revolución. Hablemos de internet: no se puede decir que sea mala porque haya páginas en contra del gobierno. De otros socialismos aprendimos que el autoaislamiento es un falso remedio destinado al fracaso. Por desigual que sea, Cuba debe asumir la confrontación. Que la gente alquile señales de satélite y vea los canales. Enfrentar eso con realismo nos puede preparar para cuando no exista el bloqueo. Si la política para el acceso a la información es acertada, los jóvenes estarán orgullosos de su país.

–Un cubano que vive en Buenos Aires me decía que reconocía los logros, pero lo sofocaba el discurso único: “Pongo la televisión y está Fidel. Y en la radio, ¡basta de Silvio!”. ¿Qué le respondería?

–Que sus palabras las provocó una Cuba pasada. Hace tiempo que Fidel sólo se pronuncia por escrito. En los 80, decían: “Silvio primero estuvo prohibido y ahora es obligatorio”. Pero hoy me ponen poco. No me quejo, prefiero estar prohibido: te quieren más.

–En el centro de La Habana vi una gigantografía con la cifra de niños que mueren cada año en el mundo por desnutrición, y decía: “Ninguno es cubano”. ¿Cree que los más jóvenes saben que afuera las cosas son diferentes?

–José Ingenieros escribió hace un siglo: “Joven es el que no tiene complicidad con el pasado”. Es natural que los jóvenes exijan a partir de lo que tienen. Y es un deber de la sociedad contarles a las nuevas generaciones la historia y decirles cómo es el mundo.

–Usted empezó a militar con apenas 14 años, en las campañas de alfabetización. ¿Cómo fue eso?

–Hacerme hombre en las circunstancias extraordinarias de la Revolución fue una gran oportunidad para tener una juventud interesante. ¿Dónde más podía ser parte de una generación que postergó sus estudios para alfabetizar? El tiempo que pasé con los pescadores de la Flota Cubana de Pesca y las dos veces que fui a Angola durante la guerra fueron también experiencias muy especiales.

–Usted es identificado en el mundo como el músico de la Revolución. ¿No es una carga, a veces?

–Es una carga si me asalta la vanidad y me dejo picar por el bicho pequeñoburgués de creerme más allá de todo. Pero la mayoría de las veces no y, aunque me duela, asumo que mi karma es la interrogación política. El trovador que he sido siente celos del entrevistado que seré y quizá por eso compongo menos.

–¿Cómo conoció a Fidel?

–Oí hablar de él por primera vez en 1953, cuando asaltó el cuartel Moncada al frente de otros jóvenes. Lo conocí en 1984, después del primer viaje que hicimos a la Argentina.

–¿Y cómo es, más allá del personaje?

–Es un hombre muy cordial, aunque a mí siempre me impresionó. Por eso he sido parco en su presencia. La última vez que lo vi, me tocó la frente y dijo: “Cuánto me gustaría saber lo que pasa por ahí dentro”. Semejante expresión no me soltó la lengua. Siempre lo he visto como la figura histórica que es y, en las pocas ocasiones que estuvimos cerca, no he logrado obviar su trascendencia. Puede ser que por eso me lo haya perdido un tanto.

–¿Cómo están la economía y los salarios en Cuba, luego del “período especial”?

–Ha mejorado el transporte, los apagones casi no ocurren, hay más canales de televisión, pero los tres ciclones del año pasado nos hicieron mucho daño. Los salarios son bajos y no alcanzan, aunque al sueldo hay que sumarle la total gratuidad de la salud y la educación, y el casi regalo de la cultura, los libros, los deportes. A todas las familias se les entrega, a precios muy bajos, una parte de la canasta básica. Sin embargo, habría que revisar medidas que en su momento fueron buenas y hoy son insuficientes, teniendo en cuenta lo pobres que somos y lo limitados que estamos.

–¿Cuál es el límite entre habilitar una mayor iniciativa privada y correr el riesgo de volver a una sociedad desigual e injusta?

–Esa pregunta es para Dios. Algunos socialismos se pudrieron buscando justamente esa frontera. Yo creo que la perspectiva que no se puede perder es que el gobierno esté junto a los más necesitados.

–Usted debe de generar mucho dinero con sus canciones. ¿Cuánto es para usted y cuánto es para el Estado?

–Yo empecé sin saber que podía ganar dinero en un concierto. El que mejor me lo pagaron, en los años de mayor auge, fue el de Chile con Irakere en 1990. Era una cantidad que no habíamos visto ni en sueños y con Chucho Valdés decidimos destinarla a la construcción de estudios de grabación, que hacían falta en Cuba. La música popular es un negocio sobredimensionado y puedes ganar mucho. Pero hace años que apenas hago giras comerciales y hace tres que no saco un disco. Nunca recibí grandes liquidaciones.

–¿Cuándo se dio cuenta de que la música y la poesía iban a ser su vida?

–En mi adolescencia me interesaba ser dibujante de historietas, pero mis amigos y mi familia me hicieron ver que lo que componía podía interesar. Un día, cuando estaba por salir del servicio militar, conocí a Mario Romeu, un gran músico cubano que me llevó a la televisión.

–¿Recuerda cuáles fueron su primera canción y su primera guitarra?

–Mi primera canción fue a capela y se llamaba “El rock de los fantasmas”. La primera guitarra que tuve entre manos fue la de Lázaro Fundora, un compañero de trabajo, cuando yo tenía quince años.

–¿Qué músicos fueron los que más lo influenciaron?

–Por mi familia materna, cantadora de la trova tradicional, escuché desde la cuna a Sindo Garay, Manuel Corona y Miguel Matamoros. En los años cincuenta, Elvis Presley sonó mucho en La Habana, aunque me gustaban más las baladas de Johnny Mathis. De mi adolescencia recuerdo al grupo Los Astros de Raúl Gómez, El cuarteto de Meme Solís, Danny Puga, Luisito Bravo. De la Argentina, a Los Cinco Latinos, y de Europa, a Charles Aznavour. Pero creo que lo que más me ha influenciado es la música clásica. Desde niño, es lo que más escucho.

–¿Por qué se define como trovador, y no como músico o cantante?

–Trova es la música cantada que primero me llegó, hecha por los autores más afines a la manera de entender la canción que yo tuve, que no descuidaba lo literario. También preferí llamarme así por una razón de clase: en los años sesenta, los trovadores eran los músicos más devotos y peor pagados.

–Cuarenta años después de la Nueva Trova, ¿hay una “nueva” trova joven en Cuba?

–Cada vez que averiguo, descubro gente nueva y valiosa. El Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, de La Habana Vieja, les ha dado un patio para que canten y ha grabado sus conciertos. Su colección de discos “A guitarra limpia” es un documento imprescindible para saber cómo piensa y canta la trova cubana de hoy.

–¿Le gusta Celia Cruz?

–No hay cubano con sentido del oído que no la haya escuchado con admiración.

–Usted le escribió varias canciones al Che. ¿Cuál le gusta más?

–La primera que le hice: “La era está pariendo un corazón”.

–En “El reino de todavía” canta que “nadie sabe qué cosa es el comunismo”. ¿Qué es el comunismo?

–Yo creo que el comunismo es el deseo de construir un mundo mejor para las mayorías que han llevado el peso de las sociedades. Supongo que, una vez conseguido el paraíso, habrá que rehacerlo, porque –por lo circunstancial de nuestras acciones o la inconformidad de la naturaleza humana– la vida suele tirar hacia delante.

–¿Está grabando un nuevo disco?

–Sí, se llama Segunda cita. Lo concebí para trío acústico. Por eso participan tres magníficos jazzistas: Roberto Carcassés en el piano, Feliciano Arango en el contrabajo y Oliver Valdés en la batería. Niurka González aporta flauta y clarinete. También invitamos a algunos metales y el tema titular lleva cuerdas. Hay una “Carta a Violeta Parra”, una canción inspirada en un cuento que me hizo García Márquez y otra dedicada a Charles Lloyd. En esta última toca el saxofón José Carlos Acosta, que hace un solo breve pero impresionante. Varios textos tienen que ver con las inquietudes de la Cuba actual. En principio incluí una canción basada en un bello poema de Víctor Heredia, pero ahora me lo estoy guardando para un trabajo futuro con otros autores.

–Al principio de la Revolución, hubo persecuciones contra los homosexuales. ¿Por qué fue posible aquello mientras se proponía, justamente, acabar con la opresión?

–Por ignorancia, machismo, prejuicios heredados. Es más fácil cambiar un sistema político que una cultura ancestral. Tiene que ocurrir mucha educación humanística y sucederse generaciones para que tanta mugre incrustada se diluya. Con el asunto racial sucede parecido.

–¿Qué opina usted sobre la propuesta de Mariela Castro de legalizar el matrimonio gay en Cuba?

–Me parece correcta. Hace justicia.

–Usted, que ha dedicado tantas canciones a tantas causas justas, ¿escribiría una para los gays y lesbianas que luchan contra la discriminación?

–Quizás algún día lo consiga. Escribí dos canciones sobre la homosexualidad, pero no quedé conforme con ninguna. También compuse “El sol no da de beber”, que aunque no tuvo esa motivación ha sido interpretada por ahí. Sabiendo eso, en ocasiones la he presentado con ambigüedad. Creo que no la traiciono, porque la provocó un amor que, como el de algunos homosexuales, tenía que esconderse para sentirse realizado.