miércoles, 20 de marzo de 2013

Fragmentos de "Formas del amor", Óscar Acosta


Niña invicta,
te he visto ya en las onzas españolas
Medardo Mejía


Mis manos tocan, niña mía, tu rumorosa piel,
tu dulcísima carne que tranquilos ángeles habitan,
tu cabellera suave,
tu corazón pequeño.

Oye la campana del día
apagando el luto de la noche,
mira la luz que silenciosamente nos cubre,
mira el cielo:
ese jardín sobre tu pecho;
respira el aire quieto
que el ruiseñor anuncia con su lanza,
conduce tu desamor
a un lago sepultado
y háblame con tus labios excelsos.

Llegué a sentir sobre las manos
el agua efímera,
el verano derribando sus torres,
el abismo cerrando sus ventanas,
el fruto abandonado,
el mar abriéndose las venas,
el fuego hundido,
hasta que tú, niña mía,
perfecta virgen repetida,
me entregaste tu rostro.

Veo que cerca la copa
confusa de las aguas,
busco tu claro nombre entre las rosas,
tú dulzura en la esencia de los árboles,
tu vigilia en el beso,
tu olor en los duraznos,
tu luz en el rocío
y me doy cuenta sorprendido
que todo me lo traes, niña, mía,
con tu mano sagrada.

Todo el silencia prodigioso
que rodea tu sueño,
el muro cotidiano
que protege tu incienso,
el invicto vacío
que antecede a tu espejo,
el vino alegre
que otorgas al invierno
y el aromado pan distribuido
que esperan tus alondras con denuedo,
dejando a tu pequeño paso,
niña mía,
un cántico perfecto.

Todo fluye de ti:
la pasión y la gracia
con tus armas doradas,
el amor familiar que traes y cuidas
en un virginal recipiente,
tu tierno acento que alegra
mi corazón de hombre,
el perfume secreto
que decorosamente te inunda;
venciéndome siempre,
niña, mía,
tu cuerpo blanco y dulce.

(…)

La vida nueva, la flor diaria
llega a tu aposento,
tú estás familiar y solícita
sonriendo entre blancuras limpias,
todo se mueve alrededor
de tu renovada luz,
de tu esplendor creciente,
todo lo ordena tu rostro necesario
y tú esparcido amanecer;
niña mía,
tu nombre es una lámpara.

Los dioses de la alegría
acuden al llamado de las horas,
sobre la tierra los hombres
destruyen los intactos geranios
y en las frías cámaras el asombro
transforma con su vapor
los climas y las ardientes aguas,
mientras tú eres,
niña mía,
en este escenario circular
el mejor exponente de la dicha.

En la escritura apareces:
diríase que tu reino
llega a amover siempre en mi mano,
que marcas con tu fuego benévolo
la extendida piel de la primavera,
que tu olor viene en vasijas
de cedro armonioso y alto
y que tu nombre se escribe
acumulando, niña mía,
todo el rocío del mundo.

Congregadas esencias
forman tus ojos oscuros,
tu cabello dorado por las olas
y los ceñidos aceites,
tu sonrisa de niña sorprendida
partiendo una manzana roja,
brazos desbordados tienes,
manos de alondra tibia,
salabas inaugurando la alegría;
eres un hermoso descubrimiento
que llena el día de gozo.

(…)

Podría desterrarte
a submarinas estaciones,
perpetuos líquenes
confundirían tu cabellera,
peces cuya inocencia
no concibe la muerte,
olores sumergidos
bañaría tus incesantes manos
y ungirían tu dermis,
árboles de sepultadas hojas
te abrazarían fraternos,
liquidas densidades
guardarían el eco
de increíbles sucesos,
placas de delgado rocío
captarían tu verdadera imagen,
hierbas de finísimas  venas
grabarían  un himno a tu dulzura,
mientras la superficie  te recibe
complacida,  después que tú abandonas,
niña mía,
un acuático reino.

En la tierra tendría,
que devolver tu rostro
a una estación perfecta,
enviar tus ojos profundos
a una jaula de golondrinas,
remitir tu voz intima
a una cámara de néctares,
con la seguridad que todo
regresaría intacto.

Desde tus labios,
niña mía,
me habla la primavera.

Desde tus ojos,
niña mía,
me llegan los perfumes.

Desde tus dedos,
niña mía,
me toca la caricia.

Desde tu cuerpo claro,
niña mía,
me vigila la nieve.

Desde tu lecho,
niña mía,
me llega el agua.

Las alondras ciegas, la humedad,
los ríos abandonados
y todo aquello que no tiene calor
entre tus manos recobre vida
pues constituyen un alimento nuevo,
un cereal ignorado,
un vino alentador,
una bebida láctea,
un completo reposo;
cúmulo de aventuras
contra la posesión de la tristeza.

Los vegetales, los arácnidos,
las aéreas  parásitas,
la raíz de la hierba,
el fulgor de las uvas
silvestres, el imán
que desprende el gorrión,
todo lo natural
erige su alba cúpula
para poner tu nombre
en una tienda simple
y al ver allí, el azúcar
de envidia pierde su dulzura.

Te saluda el roedor
con su marimba líquida,
la brevísima abeja
entusiasmada y repentina
saca a la calle su cristalería
y el sapo del jardín
como vívido fruto
toca su redondo teléfono.

Entre los escombros y el fuego
sale tu corazón completo,
insensible al olvido,
refractario a la sombra,
sorda a las estridencias
y vengador de los geranios.

(…)

Hasta ahora, no conozco nada
más fúlgido que tu sonrisa,
nada más tierno que el reloj
que golpea tu corazón  a cada instante.

Eres pequeña y blanca
como una casa nueva
en que se vive en un grato reposo
y a su interior solo llegan recuerdos
de sucesos amables
creciendo entre los árboles.

Tú presencia dulcísima
sigue mis largos pasos
a un recogido universo
bajo caseros astros
y tus dos manos son verdaderas
porque nacieron de mi sueño.

A tu verde corazón acuden
las hambrientas palomas
como a los campanarios
de tranquilas iglesias
donde se encuentra la bondad
en canciones y aromas.

A veces cuando viajas
con tu falda de algodón
y un bolso bajo el brazo,
por el costado izquierdo
me entran ganas de llorar,
porque ya no te veo,
porque no vuelves rápido
y temo perder como un niño tonto
la dicha de tu rostro.

De tus palabras, al hablar,
caen en la noche un dulce son
de nórdicos contornos
que iluminan el silencio  nocturno
y lo arrojan como un caballo muerto
en el cementerio del mar.

La soledad está exangüe
ante la hierba de tus plantas
y en ellas reciben sustento
los insistentes sueños
que celebran tu hallazgo;
tú descubres un continente nuevo,
inesperado y melodioso,
invicto a los escombros y al olvido;
niña mía.

Tú no traes el júbilo,
en los libros, en las frutas y besos;
en lo que verdaderamente amamos.

No podría seguir rodeando tu nombre
de escritura. Aquí junto  a su sueño
quedamos juntos. Esto es todo.
Las formas del amor
me permiten decir en voz alta:
niña mía,
descubierta tu dulzura total
tenía que decir estas palabras.



PD: Feliz cumpleaños :)

viernes, 4 de enero de 2013

La poesía de Rebeca Becerra



Rebeca Becerra es probablemente mi poeta favorita de las últimas generaciones. Así que vamos a ponernos filosóficas. Sobre las mismas piedras, su primer libro, se publicó en 2004. Sobre él, Amanda Castro, quien se encargó de preparar el prólogo, nos dice:
“Colmados de un fuerte nihilismo, estos poemas parecen completamente arrebatados de esperanza; sin embargo, la escritura de los mismos, su vital existencia, nos demuestra que quizá no todo está perdido (…). Así la piedra que cimienta la existencia es la misma piedra que la da…”

Siguiendo a Bachelard, la poesía de Rebeca Becerra tiene un fuerte vínculo con los elementos. En este trabajo ella adopta las voces de una poeta telúrica, una forma amarrada a la tierra. Todos los espacios recolectados entre páginas nos conducen a los suelos (la casa, la ciudad, las calles y las piedras), y a lo largo de todo el libro las voces poéticas “caminan, recorren, circulan…”. 

Pero ya en su segunda obra todo da un giro: Las palabras del aire (2006) representa para mí una joya. Si la lectura del primer libro captó mis sentidos de forma increíble, cuando pude leer el segundo, me maravillé. Aquí, Rebeca da un salto y se lanza a los aires, y de forma huidobriana presenta una obra conceptual, aérea. Ella mantiene un soliloquio con la muerte —sin embargo, desde un fuerte plano vital— y, desde abajo hacia arriba, evoca el recuerdo de alguien; en muchos momentos pareciera que se convierte en diálogo, pues se presiente y se siente la voz de, en primera instancia, su padre (es la referencia directa, según Helen Umaña), pero también de Eduardo, que se hace presente en ciertos rincones del libro (o al menos mis lecturas me incitan a pensar eso).

Creo que para entender la propuesta poética de Rebeca Becerra necesariamente hay que leer sus títulos en orden cronológico. He llegado a pensar, en muchas ocasiones, que de forma sagaz, Rebeca amalgamó su mensaje, su voz poética, desde la escritura de la primera letra de Sobre las mismas piedras, a la última frase de Las palabras del aire. 



Poemas de Sobre las mismas piedras





Hace falta

Cierro la puerta
la casa se amará en silencio.

A cada paso el sol me aguarda
bajo mis pies no puede tocarme.
Voy naciendo
palpo el polvo de mi cuerpo
cavo surcos con mis dedos
el hombre aún no me conoce
no se conoce
no es tiempo.
Hace falta llegar al mar
y despedirse
traspasar
dejar huella
volver a cavar surcos
hacer un hueco para que crezca un ojo
que observe el otro lado de la vida.


Río interminable

La tarde cae de la tierra
día tras día
como una rutina de notas ciegas
parece el final de un camino
donde nuestra sombra canta
bajo la sombra de los edificios.

El sol tiembla
sus dientes se hunden en mi espalda
frente a mis ojos
todo
se confunde en un río interminable.


Instante

Disfrazada la ciudad de lluvia
comenzó  a llorar
fue la hora en que pasaron
las garzas
iban tristes
manchadas de sol
las alas.


El color de la madera

Llego 
encuentro las sombras
aferradas a las cosas desesperadamente
hurgando su centro
su esencia
queriendo arrancarles
lo que no llevan dentro.

Ya no determino
cuál es el principio
y el final de cada una

Desaparece 
la última vocal de nuestros poros.

El último grito.
La última palabra.

El último dolor de hombre
queda sumergido
en el hermoso color de la madera.



Poemas de Las palabras del aire 





*
Quiero morir como un hombre
me dijiste
mientras la muerte como un faro alumbraba tu camino
y asaltaba tus palabras en el aire.

Entraba la noche en tus ojos
-lodo de cementerio-
a mí se me derretían los dientes
con el ácido de las lágrimas que me tragaba.

Afuera era el mundo: un canasto de naranjas
un puñado de sal en una diminuta mano que crecía
un sexo de fuego que explotaba en unos labios.

Afuera era el mundo.

Los hombres sólo mueren como vos
te respondí:
limpios y ligeros
como espigas de trigo que se clavan en los besos
pero el viento se llevó tu viento.




*
Soñé los torbellinos de una pequeña cabeza
una mujer que entre mis brazos se convertía en gacela.

Yo tocaba su boca color del fuego
y ella quemaba mis dientes con sus labios;
todo sin juntar nuestras bocas.

Inmediatamente apareció esta sombra que me hierve
en las venas
y me dolió la piel como si no fuera mi piel.



*
Sólo tu cuerpo, solo,
entrando en la sangre de la tierra,
acumulando las huellas que se le escapan al sol.

Sólo tu cuerpo, solo,
conociendo las raíces, el silencio,
persiguiendo el llanto de la lluvia.

Sólo tu cuerpo, solo,
entregándose, repartiéndose,
explotando,
consumiendo la madera.

Sólo tu cuerpo, solo,
alimentando
cambiando de piel,
nutriendo la luz.

Sólo tu cuerpo, solo,
danzando con las horas
que escapan del reloj
dormido en tu muñeca.

Sólo tu cuerpo, solo,
solo
solo.




*
Soñé donde nacía el silencio.

El silencio eran todos los sonidos, todas las palabras
que se acumulaban en la luz.

La luz eran todas las sombras que no habían tocado la tierra.

La tierra era la misma tierra que entraba
por mis poros
por mi boca
me nublaba los ojos
luego giraba en mis oídos.

La tierra, simple vibración de mis sentidos.



*
En la noche, cuando estoy deshabitada,
quiero ver el silencio que te detiene la palabra.

Abre por favor las ventanas de la tierra
arquea sus raíces de agua.
Súbete a la araucaria que atraviesa tus sueños
y deja que me hablen las hojas, las semillas.

Limpia los metales con tus dedos, fórjalos,
que giman con tus uñas;
fúndelos con tus dientes de fuego.

Haz signos que descifre
antes de que el sol absorba tu mirada.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Selección de poemas de "Descendientes del fuego" (1987) de Livio Ramírez


I
Los amantes

Descendientes del fuego
los amantes son niños salvajes
ferocísimos seres
que no atacan a nadie
descendientes del fuego
no miran
no tienen sentido de la distancia
se precipitan en sí mismos:
de ceguera y fulgor están armados.


IV

Es el verano que ama el cuerpo de la noche
sonríes
con dulcísimos relámpagos
el sol sueña extendido
sobre tus hombros de cristal
estás viva  estás viva
es humana la luz
el tiempo te obedece
en tu rostro resplandece mi vida
bajo mis manos creces
tu esplendor te desborda
la estación cabe entre tus pechos
fiera de insomnio
el mar vigila
el curso de tu sueño
todo el fulgor del día mana de tus cabellos
el árbol del deseo
extiende tus oleajes
isla blanca tu espalda
vía láctea tu cuerpo
háblame con tus labios maduros
háblame
destruye dulcemente
el espacio que odiamos
pronuncia esa palabra que me saca del tiempo.


Recorro la ciudad

A la velocidad de un fantasma
recorro la ciudad:
si esto tuviera rostro
la golpearía,
lo atacaría de frente
como a un enemigo
a quien se odia
desde el centro del odio.

Qué peste disfrazada:
escaparates
que nada tienen que ver con la vida.
Lujosos edificios
donde se planifica la barbarie.

Amor:
me duele esta monstruosa maquinaria.
Ven, amor mío,
acércate.
Apágame esta noche
que me devora el pecho.


Selva veloz

Casa con unicornios
casa de pecho abierto
selva veloz
estatua que sólo corre hacia la primavera
tal es el tiempo de los que se aman.


* * * 
Los amantes abren el día.
La vida: más golpeada
pero ellos la levantan
en secreto  en silencio.
Ha empezado la guerra:
con su amor han sitiado la ciudad.


Ventana

Su ventana es un ojo encendido, implacable.
De noche
los amantes contemplan la ciudad:
arquitectura de odio.
Verdores arrasados.
Muros que alza el terror.
El oleaje del día muerto sobre la plaza.
Los amantes se miran.
Les florece la rabia
como si fuera un pacto.


Dime

Oh vida, oh vida:
¿soy yo aún el que aquí
desfigurado arde?
Rainer María Rilke

Dime, ¿tú entiendes esto?
¿Miras, igual que yo, cómo crece en nosotros
esta niebla atroz,
cómo nos borra con un odio lento?

Miras, igual que yo, cómo se pudre el cielo,
ahora que cuento todas las heridas
bajo esta paz estúpida que queda
después que hemos amado
como dioses o bestias. Respóndeme:

¿Oyes caer la sangre de esos días
en este mismo sitio donde yo escupo mi impotencia
y escribo con rabia la palabra Amor
y un olor a víscera y espanto
flota sobre mis papeles?

Dime
te derriba también
este alarido,
que rebota
en los muros del infierno,
este rito de ciego
en las últimas gradas de la muerte.

Ah querida:
Amor que ya no eres mi amor...
He aquí el desastre,
el abismo inmensamente presentido.
La ciudad convertida en una enorme cicatriz.
He aquí el tiempo,
nuestro tiempo,
con la columna rota.


Monólogo

Por el amor comenzará destrucción. 
Por el amor todo tendré que hacerlo nuevamente.
L.R.L

Hay en el pecho un cráter
idéntico al cadáver del mar:
el desamor,
sus garras,
sus insaciables garras de cristal.

Basta.
Basta. Incorpórate.
Abandona tu insomnio erizado de espinas.

Aparta la jauría
invisible y brutal.
Sal y enfrenta
los filos de lo oscuro.
No te detengas, sigue:
es hora
de que arrastres la noche por los cabellos.
Oblígala a caer en este pozo
en donde no terminas de ahogarte.


jueves, 4 de octubre de 2012

Poemas de "Las cosas por su nombre", Rigoberto Paredes



Daguerrotipo

siempre mirando abajo
como si algo buscaras (ciegamente)
tu espumosa cabeza a punto de caer
no toca fondo
y ondea memorable como en tus buenos tiempos
también tus manos
viejo algo buscaron
caricias bronca vainas quehaceres
siempre las vi lanzando la primera piedra
o haciéndose dos llamas cuando hablabas
ahora están allí
ajenas improbables otras manos
(ochentitantos años bien rentados
en lucha cuerpo a cuerpo con la vida
pienso que te moriste
ciudadano
porque ya no tenías otra cosa posible)
qué difícil es ya reconocerte
la memoria y sus aguas han gastado tu traje
tu abundante barriga
tus asuntos menores
de veras que no hay modo de saber dónde
aunque parezca que lo estás diciendo
un extraño paisaje asoma a tus espaldas
desperdicios de insectos
telarañas
cierto color sanguíneo
sobrevolando a solas tu inútil abolengo
la llovizna del tiempo azota tu mirada
y tu orgulloso porte va sabiendo
que también se envejece
en las fotografías.


Al héroe

para empezar
digamos que no luces tan bien en esa estatua
y da lástima verte a sol y agua
espada en mano
guerreando contra nadie
sitiado por la oscura maleza del vacío
tanta vuelta y revuelta
sudorosas distancias batalladas
todo el tiempo ganado en esos años
¿tan sólo para el manso latido de este bronce?
la realidad
(tu más cierto homenaje)
sobrevive
debajo de las patas de tu potro fantástico
bájate
descabalga esas alturas
dale historia y quehaceres a tu espada.


Los que se aman

3

ellos saben que el mundo es un fértil lugar recién hallado
un peaje cotidiano
un arduo impredecible golpeteo
una cuota de amor creciendo a penas
el roce de algún cuerpo semejante
que les da la noción de su esperanza

4

los que se aman
tienen algo en común
iguales nombres
señas de identidad
y direcciones
(café del italiano parque central amigos
esquinas avenidas de costumbre)
quiero decir la misma ciudad sencillamente

10

por eso
cada noche
antes de todo amor antes de todo
verifican su haber y sus deberes
preguntas
certidumbres
rasgaduras
ese alto diario impuesto de conciencia
que les toca pagar a sangre y fuego


Lectura de Vallejo

escribir
escribir aunque nos salga espuma
decir
decir muchísimo
desatollando sílabas palabras
hasta la empeñadura del grito necesario
mejor es algo así
antes que agitar la página
como una bandera blanca en plena guerra



sábado, 4 de agosto de 2012

Fragmentos de "Escrito sobre el amanecer", Livio Ramírez


Mirando el curso de mis días,
hoy me he detenido a estallar,
a crecer duramente
Entre reglas de juego.
a mis espaldas ruge Madrid.

Veo su cielo aún invicto entre la polución
y el veneno de los anuncios luminosos
está a punto de hundirse
sobre el amanecer.
Tengo un poco de fiebre.
(casi es nada, me digo,
con la amabilidad de un fantasma)

Y escribo:
¿Cuántos puños convergen en mi mano?
¿Cuántas voces confluyen
en mi monologo feroz?

Quiero fundir la vida y las palabras.
Apresar sus raíces, aquí,
bajo este océano
donde no hay más que insomnio.

Escribo:
no sé si hago una autopsia,
o giro en la borrasca de un gran autorretrato,
o combato en un óleo de todos o de nadie.

Sueño activamente
como una piedra que se incendia de júbilo
a pleno mediodía.
En mis manos dan saltos las imágenes.
la realidad del mundo es mi realidad,
pero no consigo escribir
mi profunda verdad animal,
la tempestad que arrecia aquí mis sienes.

Escribo:
montañas de palabras:
grandes bloques
que quiero desbastar.

Silenciosos que me esperen
en mi taller de lunas enrabiadas.
Trabajo en mi caverna civil atropellada:
Me enfantasmo.  Me enguerro.
Vibra el mundo en mi mesa de trabajo

(…)

Digo que la poesía
es el único documento personal que poseo.
Carezco de otro medio de identidad.
Digo que eres mi centro enllamarado.
Mi código de fuego.
Mi texto de aludidos.
Explosión queridísima donde escucho la vida.
Arma para vivir.

Digo que eres
Mi atigrada columna que fluye.
Árbol de guerra. Árbol que embiste y la aletea.
Sol absoluto, nuestro, que devoras los ojos
para poder seguirte.
Largo río de fuegos
donde al verme contemplo y soy la multitud.
Lava donde si corre mi verdadera imagen.
Lectura y escritura de uno mismo.
Eres el resplandor que emana
de esta hondonada.
Euflegencia invencible de las entrañas.
Domicilio de todas nuestra rabia.

Quiero escribir la vida de golpe.
Quiero que griten mis amigos muertos,
que salgan de la tierra,
puros, como relámpagos.
“quiero escribir pero me sale espuma”
así es Cesar Vallejo,
pero me salen los asesinados
y más espuma
y más asesinados
y más país de muerte atravesado.

(…)

Es tarde.
El amanecer se aproxima
como un jaguar.
Los obreros comienzan
a levantar el día.
A estas horas
la soledad acaricia mi cabeza.
Su mano es áspera,
aunque percibo
algo muy parecido a la piedad, pero mi ojo es materia en combustión:
llama.
Dardo que fluye.
hoguera casi triste.

Queridos, detestables vecinos de este edificio
donde aun leo la post-guerra:
mañana seremos nuevamente
las piezas
que la gran máquina exige.
Mañana habrá que llegar puntuales
a los respectivos mataderos.
Que descanses Madrid, reposa.
Estás rendido.

Buenas noches América.
Atlántico que me unes y me separas.
Buenas noches país descuartizado.
Patria vendida en el mercado negro.
Ciudad que trituraste mis sueños
Y mis nervios.
barrio desdibujado,
patio de Nina Lincho,
casa donde nací.
Apartamentos, cuartos:
Increíbles cavernas donde he vivido.
Sepulcro de mi padre.
Ferocísimo amor que me consumes.
Estoy solo, impotente
ante los estallidos
de mi propia memoria.
Es como si un animal salvaje
revoloteara en mi sangre.
como si un clavicordio
rodara en mis entrañas.

Hasta mañana
seres humanos;
que descanses
casa degenerada:
planeta que debieras nacer de nuevo.
Hasta mañana, ciudad,
ciudades.
Buenas noches,
amado mundo podrido

miércoles, 16 de mayo de 2012

Fragmento 31-III de "Jonás, fin del mundo o líneas en una botella"



Edilberto Cardona Bulnes en 1990.


Hoy sé, Muerte mía, que eres como eres.
Qué pies tan limpios, tan dulces, de lactante, y tan firmes.
Qué bellas manos tienes
tan de beso en estas mis golpizas, y cómo de pequeñas en mis siete alegrías
cada cincuenta años. Recién lo sé. No han sido mis ojos los mirados por mis ojos.
Han sido vistos por tus ojos desde los míos, en silencio.
—Ojo, en este idioma,
faz sin boca. No sin palabra—.
Tengo el sabor de tus labios y soy de tu color.
Desde cuándo sin darme cuenta. Y cómo tardas
para dejar ver tu alunado perfil. A veces,
gatito azul, dejas pasar mi angustia por tu delicadez. En Sunam, una tarde,
me hablas, y te ignoro, pero me con-mueves,
a través de la tarde como siempre
en cruces de caminos. Siempre despedida
y bienvenida siempre. No puedo
pensar sin pensarte, vivir sin vivirte,
ser sin serte. Eres como de dura luz.
Yo tu papel, tu tinta, tu escrito, tu escribano y tu lector.
Escrito de Muerte yo.
Yo lector de Muerte.
Leyendo me logro tu escritura, mariposa negra, pues al leer
soy escribano tuyo
transcribiéndome mi olvido.
Lector tuyo leyéndote mi vida. Lectura mía y escritura tuya.
Habrás roto la pluma por no escribirme nunca,
sobreleyéndome, instransleyéndome
en tu mano,
sólo con la vista, cuando, en sangre, me hubiste escrito con un dedo.
Tú, Muerte, eres el escritor.
Me dejas ante mis manos, artista, tu obra,
obra tuya a mis manos para abrirme otro mundo,
tuyo siempre en espíritu, en espíritu tuyo
quedándome vívidamente mío hacia tus manos.
En tus manos, tuyo, encomiendo mi espíritu.
Y sé que estás y estoy contigo entrando y saliendo por esta sola
y misma puerta judiciaria
color de tiempo, de nada, y rotativa
sobre tu camino y mi camino rojos
que congruentes se borran en un púrpura ahora
como túnel acá de escarcha y aquí de fuego.
No hay aquí más palabra que tu palabra mía, en estas manos mías,
oprimiéndotemela
hasta lastimarnos, desgarrarnos,
desangrarnos boca a boca a mordidas.
Qué rojo rastro nuestro.
Dame tu mano más y dame más de tu capa.
Hay mucho viento en contra
y mucha nieve encima.
Ay el rojo jinete y el bermejo caballo,
piafando en el aire y la gran espada en alto,
y alazanes más y caballos más rojos.
Ay el negro jinete en el caballo negro,
piafando en el aire y la balanza en alto.
Ay Isaías, Ay Ezequiel,
profetiza sobre estos huesos fúlgidos, pues,
¿qué es esto, Job, si no intermitente cementerio?
Luces, verdes, brasas, salen de esta tierra de muerto,
de todas estas casas, tumbas de la tierra de los muertos, de lo muerto, 
región de los perdidos,
reino de las sombras, de sombras de las sombras,
de la sombra, mundo de la tiniebla,
tumbado, expulsado, proscrito, maldito de donde no se sale,
donde no asoma el día,
donde no llega el alba,
donde nunca habrá aurora,
donde la noche cunde, hunde, traga,
caído, abandonado, finado, tenebroso,
final priscal eterno sin bordes ni fondo
de cuadrúpedas, ánimas errantes,
manchadas,
—oh. OH. OH.—
donde, sin ser registrado en los vivos
ni señalado en los muertos,
no en tribunal de vivos
no en tribunal de muertos
para vivos o muertos, antes de ser escrito
se es borrado de unos y de otros, sin culpa, juicio ni sentencia,
en plenario, en sumario de guerra,
en unánime plebiscito siniestro,
en absoluto tribunal oscuro,
inalterable, inapelable, inexorable;
puesto en atmósfera tóxica,
en paredón de fusilamiento interminable,
sin tiro de gracia,
condenado a cadena perpetua
absurdamente en muerte a ser reo de muerte bajo absurda muerte.
Y nada. Sólo estas luces, estas brasas,
verdes, esputos, charcos, manchas de hiel,
de pus, arriba, abajo, en todas partes,
chorreando, taladrando; sólo estas fieras
fosforescencias píricas, tantas, pero tantas,
que es día boca abajo la noche
y noche boca arriba el día.
La luz horizontal no deja ver la vertical
del claro de noche. Blancos, blanquísimos cadáveres cómo vienen
y van sin oír a los muertos, sin hablar a los vivos.
Los muertos me hacen hablar.
Los vivos, escribir.
Cuando Cristo escriba lo hará en la tierra.
El polvo es el único que sabrá la escritura.
Ah, Omega, tan exacta, tan próxima,
la única prójima de la realidad.
Ay, Xi, ustoria cruz en sexo,
si aquí tu gutural se linguodentalizara,
la cruxifixión de primavera convidaría
a la roja pascua de verano.Y tú, Alfa,
sales del polvo para volver al polvo.
¿Habrá un liceo aquí para el corazón?
Aquí se es sitio, tronco, piedra donde estar,
no con quien estar. Me puse barandas.
Y secreto es el paso. Vamos. Subamos
esta escarpa. Hay mucho estiércol
embotando cascos relucientes.
Infinidad de cascos embotados.
Ay, que van a ras de nuestra cabeza
como si galoparan en el aire empujando
lo oscuro, a coces, a relinchos.
Voy a cerrar mi corazón. No quiero que la noche entre más.
¿Y si a pesar de todo después viniera la estrella de David? A saber.
Aquí nunca se supo nada.
Aquí sólo muerto se pudo vivir,
partido. Aquí lo de un tal por cual, un cierto
Racías, en Macabeos 2-4:
echarse sobre la espada,
arrojarse del muro, levantarse, correr
entre la muchedumbre y erguirse
sobre la roca, exangüe, y arrancarse
las entrañas con ambas manos y arrojarlas
contra la tropa. Señor Señor,
re-vívenos.

domingo, 15 de abril de 2012

Un poema de Francisco Ruiz Udiel



Gesto desvanecido en esquina de una estación

Esta estación no será más una estación,
quedará únicamente mi gesto desvanecido
en el polvo de alguna ventana,
si acaso hay ventanas,
si acaso decido en las estaciones
desamparar algún gesto.

Esperaré junto a las cabinas telefónicas
a que las horas se desvanezcan azules
en mi cigarrillo encendido
de mirada triste e inclinada,
me verán apretar la mandíbula
para masticar, como las aves
que emigran de una tierra a otra,
cualquier bocado de aire
sin saber qué les espera.

El aire se ha vuelto amargo
y aún no sé en qué otras estaciones
abordará mi soledad otro cuerpo.


sábado, 14 de abril de 2012

Un poema de Francisco Ruiz Udiel

Nada

Nada es una palabra
inventada por Dios
para escupir su desprecio.
Yo soy la palabra de Dios.


jueves, 12 de abril de 2012

Un poema de Livio Ramírez


"Oh vida, oh vida:
¿soy yo aún el que aquí
desfigurado arde?”
Rainer María Rilke 



Dime, ¿tú entiendes esto?
¿Miras, igual que yo, cómo crece en nosotros
esta niebla atroz,
cómo nos borra con un odio lento?

Miras, igual que yo, cómo se pudre el cielo,
ahora que cuento todas las heridas
bajo esta paz estúpida que queda
después que hemos amado
como dioses o bestias. Respóndeme:

¿Oyes caer la sangre de esos días
en este mismo sitio donde yo escupo mi impotencia
y escribo con rabia la palabra Amor
y un olor a víscera y espanto
flota sobre mis papeles?

Dime
te derriba también
este alarido,
que rebota
en los muros del infierno,
este rito de ciego
en las últimas gradas de la muerte.

Ah querida:
Amor que ya no eres mi amor...
He aquí el desastre,
el abismo inmensamente presentido.
La ciudad convertida en una enorme cicatriz.
He aquí el tiempo,
nuestro tiempo,
con la columna rota.


de Descendientes del fuego 
(1987)




martes, 10 de abril de 2012

La visión de país en Clementina Suárez y Alfonso Guillén Zelaya




Este 2012 se conmemora en la UNAH el año académico "Clementina Suárez" y con motivo de esto se realizarán varios eventos durante los meses siguientes.

A continuación quiero compartir con ustedes un trabajo sobre la Poeta, desarrollado por nuestra amiga y compañera María Eugenia Ramos, en un proyecto conjunto con Mario Membreño Cedillo para la Colección "Visión de País" del PNUD. Muy recomendable, en lo personal me sirvió muchísimo hace un buen tiempo.



Y aprovechando esto, extiendo la invitación de las y los compañeros de San Pedro Sula para el Recital Nacional de Poesía "Clementina Suárez, 2012". Más información sobre esto, en el blog Torre Trunca de Gustavo Campos.